jueves, 25 de marzo de 2010

Escandinavia y las primeras exposiciones

Desde la segunda mitad del siglo XVIII, con la proclamación de la libertad gremial en Inglaterra, y a finales del mismo siglo en Francia, se presentan las condiciones necesarias para el nacimiento y crecimiento de la producción industrial y aparecen las primeras exposiciones: la Exposition des produits de l’industrie en los Campos de Marte de París en septiembre de 1798, se internacionaliza en 1851 con la Gran Exposición Universal de Londres. Entre 1855 y 1867 se suceden en París las mejores muestras de arquitectura en las sucesivas exposiciones, que principalmente hacen referencia a una nueva construcción industrial. El Crystal Pallace en la primera Exposición de Londres, la Galería de las Máquinas y la Torre Eiffel en la Exposición de París de 1867, o la enorme cúpula de la Rotonda de la Exposición de Viena de 1873, son buena muestra de ello.
Los países nórdicos más interesados en cuestiones políticas y territoriales, se ven envueltos en diferentes guerras durante estos años. Finlandia sufre de una manera más traumática esta situación, dominada durante grandes períodos de tiempo por los suecos y los rusos, con importantes pérdidas territoriales. A pesar de todo, en 1876 se organiza en el parque de Kaivopuisto de Helsinki la primera Feria Industrial de Finlandia, quizás como eco de las grandes exposiciones europeas. Es significativo señalar cómo para este evento Theodor Höijer (1843-1910) diseña un pabellón con estructura de madera de
7.500 m2, muy alejada de las construcciones metálicas europeas.
En Europa las grandes exposiciones se suceden hasta que la producción industrial pierde su impulso inicial y aparece la necesidad de atender los problemas sociales. En 1900 se inicia la decisiva reforma entre hombre y época que reformula la ciudad. Finlandia, en un agitado clima político, se plantea la participación en la Exposición Universal de París de 1900 con pabellón propio (recordemos que todavía no era una nación independiente). Este pabellón sirvió para mostrar a toda Europa que la cultura y la sociedad finesa eran poseedoras de un patrimonio propio que merecía ser considerado como el de una nación en todo su alcance.
El concurso fue ganado por Saarinen, Geselius y Lindgren, con un
pabellón neo romántico basado en las iglesias medievales escandinavas. Construido en su mayoría con madera, mostraba una apariencia exterior
pétrea en su basamento. Objetos de artesanía finlandesa se exponían en su interior, que contenía frescos de Gallen- Kallela, evocando el poema épico Kalevala. Este pabellón fue uno de los ejemplos fineses del denominado romanticismo nacional que los observadores internacionales relacionaron con el art nouveau y el jugendstil alemán de 1900. De todas maneras, hay que aclarar, como dice Roger Connah, que ciertos estereotipos sobre el primitivismo y el romanticismo son confusos, dada la naturaleza entrelazada de la cultura y la política en el cambio hacia la modernidad, a principios de siglo en Finlandia.
Es importante insistir en que este pabellón se convirtió en el referente obligado, tanto nacional como internacional, para próximas participaciones en grandes exposiciones; que, además, el responsable de que los pabellones en Finlandia adquiriesen una gran importancia y prestigio como elementos culturalmente representativos del país y como ejemplos de una arquitectura específicamente finesa, al enfatizar los materiales del país y sus técnicas constructivas.
En el contexto internacional y adentrándonos en los años treinta, se reformarán las artes aplicadas y se producirá un acercamiento al entorno más próximo y privado del hombre, con lo que aparecerá un nuevo tipo de exposiciones, como la de París de 1937, en la que no interesa tanto la exhibición técnica de los avances industriales ni de la producción, sino que se parte de las necesidades del hombre y se subordina a ellas todo lo demás.
Estos referentes no pasarán desapercibidos a Alvar Aalto quien, conocedor de la potencia e importancia que pueden tener las exposiciones, a mi entender inicia desde el pabellón de París de 1900 (realizado, entre otros, por su admirado maestro A. Lindgren) un proceso de reinterpretación de los mecanismos arquitectónicos que se pueden utilizar en los pabellones para poner de manifiesto y transmitir, entre otras, las trazas culturales de un país.

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