viernes, 4 de febrero de 2011

El paso del tiempo

El avance de la tecnología y la continua insistencia de los espectadores en mayor lujo y comodidad determinan que el promedio de vida útil de un estadio moderno alcance sólo 30 o menos años.
Es muy probable que en el futuro los espectadores no estén más dispuestos a pagar por estar sentados a la intemperie a temperaturas bajo cero, o en un calor sofocante desprotegidos de los intensos rayos solares. Esta acelerada obsolescencia presenta un enorme reto a los proyectistas de estadios. Por tanto, antes de que los propietarios y diseñadores de estadios inviertan millones en un nuevo estadio, deberían preguntarse seriamente si las instalaciones que proponen construir satisfarán realmente las exigencias de los espectadores en el futuro. Repetir simplemente lo que se ha construido en el pasado, incluso en un pasado cercano, podría tornarse en una mala inversión.

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