sábado, 24 de marzo de 2012

GEOGRAFÍA E HISTORIA. LA CREACIÓN HUMANA. (III)

No creo que esté en disposición de aclarar completamente este punto, pero introduciré un argumento ulterior.
Sabemos que muchos textos de geografía y de urbanística clasifican las ciudades en dos grandes familias: ciudades planificadas y ciudades no planificadas. «En los estudios urbanos es normal poner de relieve en primer lugar la diferencia entre ciudad
planificada y no planificada. Las primeras han sido concebidas y fundadas como ciudades, mientras que las segundas han salido sin un diseño preconcebido, como asentamientos que se han desarrollado particularmente y que, por lo tanto, se han revelado aptos para desempeñar funciones urbanas. Su carácter urbano ha surgido sólo en el curso de su desarrollo, y su estructura ha resultado esencialmente del agregarse edificios alrededor de algún núcleo preurbano.» Como dice, entre otros, Smailes en su texto de geografía urbana.
Si, concediendo al esquema de teoría desarrollada hasta aquí la seguridad de fundarse en hechos auténticos, juzgamos una afirmación de este tipo, vemos que tiene una concreción relativa; se trata, a lo sumo, de un tipo de clasificación elemental y refutable desde muchos puntos de vista.
De hecho, nosotros sostenemos que en todo caso —en lo atañe a la génesis de los hechos de urbanización— se trata, —usar la expresión del autor aquí citado, “del agregarse edificios alrededor de algún núcleo preurbano». Este núcleo representa un inicio del proceso de urbanización cuando está constituido en todo su valor.
Y afirmo que considero el “plano” como un elemento primario, igual que un templo o una fortaleza. Y que el mismo primer núcleo de ciudad planificada se revela como un elemento unitario; ya sea que inicie un proceso urbano, o que lo caracterice, como sucede en Leningrado o en Ferrara, la cosa no cambia mucho. Creer, pues, que la existencia de un plano ofrezca a la cita una solución espacial definitiva desde el punto de vista global es completamente discutible; el plano siempre es un tiempo la ciudad, en la misma medida que cualquier otro elemento primario.
Que después la ciudad crezca alrededor de un núcleo ordenado o desordenado o alrededor de un hecho singular no cambé mucho (aunque indudablemente presentará aspectos morfológica diferentes): de hecho, vemos estas situaciones como hechos caracterizantes, como partes. Esto ha sucedido en el caso de Leningrado y está sucediendo en el de Brasilia. Es deseable que se lleva a cabo investigaciones en esta dirección.
Casi no hay que decir que maestros como Chabot y Poéte apenas aluden a esta división; y Chabot justamente relaciona la cuestión del plano como un problema teórico de arquitectura, base de las operaciones urbanísticas.
Mayor importancia a esta división es dada por Lavedan: después de un largo trabajo sobre la ciudad como arquitectura y sobre la estructura urbana de las ciudades francesas, es lógico que Lavedan insista en una diferenciación ligada a la arquitectura urbana.
Si el enorme esfuerzo de la escuela francesa hubiese ido acompañado de intentos de síntesis como los de Lavedan de manera más amplia, hoy podríamos disponer de un material maravilloso; que las investigaciones sobre la vivienda y sobre las ciudades de Demangeon no tengan en cuenta el material recogido por Viollet le Duc es un problema que va más allá de la falta de relación interdisciplinaria; se trata de una actitud con respecto a la realidad.

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