martes, 28 de mayo de 2013

Arquitectura tacuara en San Pablo de Guarayos



Un modesto cartel de madera indica la entrada a la comunidad de San Pablo, que bien podría llamarse Tacuara, tal la cantidad de este vegetal, comúnmente conocido como bambú, que rodea a la población de 200 familias (1.500 personas).

Es Santa Cruz y San Pablo está a 12 kilómetros de Ascensión de Guarayos, capital de la provincia homónima. A unos pasos del ingreso al pueblo destaca un taller de carpintería en cuyo frontis asoman estructuras de la especie leñosa. Se trata de Tacwarti (tacuaral, en la lengua nativa guaruyú), asociación de artesanos que desde 2004 trabaja en la construcción de viviendas y en artesanías basadas en la tacuara.

Siguiendo el camino de tierra en medio de San Pablo salen al paso las edificaciones hechas de tacuara. Las casas, techadas con hojas de motacú y revestidas con barro y cal, producen una sensación de simetría. Lo único que las diferencia es que algunas fueron adornadas con flores, como es el caso de la vivienda de Mario Abiyuna Vaca, el presidente fundador de Tacwarti.

La plaza es amplia y la glorieta central parece una telaraña. Los artesanos la levantaron con la técnica de las construcciones colombianas consistentes en uniones, soportes, estructuras fijas, concreto y varillas sin fin. No está acabada porque las constantes lluvias impiden recolectar las cuatro camionadas de hojas de motacú que se necesitan para coronar la obra, argumenta Mario, quien muestra orgulloso la creación arquitectónica que servirá para las reuniones comunales, sea bajo sol ardiente o lluvia inclemente.

En San Pablo de Guarayos se trabaja en el chaco sembrando maíz, arroz, yuca o plátano; además se caza y pesca para el autoconsumo. Entrada la tarde, se observa el retorno de algunos comunarios desde el monte, la escopeta colgada al hombro. Otros preparan la carnada con carne podrida para ir al río, convencidos de que no hay mejor anzuelo para atrapar pirañas. Muchos, si no todos los varones, pijchean la hoja de coca, un hábito adquirido como consecuencia de la llegada de colonos de occidente a esas fértiles tierras.

“El guarayo es hábil con las manos”, afirma la bióloga Mariela Barba, especializada en la tacuara. Ella fue parte del proyecto que la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) ejecutó en la comunidad en 2009. “Se ayudó a Tacwarti con la maquinaria para trabajar con tacuara, además de darles elementos a los comunarios para el manejo del recurso”.

En 2006 se había hecho un proyecto piloto de capacitación, con la llegada de la arquitecta colombiana Mónica Guerrero, especialista en la construcción de cabañas, y del ingeniero costarricense Miguel Coto, experto en muebles y artesanías. Al propio tiempo se formó a la gente en la elaboración de un plan de manejo que incluye la selección, el corte y, en definitiva, el aprovechamiento sostenible del recurso natural. En 2012, la FAN trabajó para que toda la comunidad se constituya en actor importante de la preservación de la tacuara, junto a autoridades comunales, municipales e instituciones locales. Se organizó una minga (trabajo colectivo en favor de la comunidad) y así se levantó la glorieta de la plaza.

“Empezamos el proyecto con la Central Orgánica de los Pueblos Guarayos y el Centro de Organización Agrícola Tropical, con el apoyo financiero de Dinamarca”, explica Mario Ayuna (33 años), presidente de Tacwarti. La carpintería cuenta hoy con ocho artesanos. “Antes, usábamos la tacuara tradicionalmente, como los abuelos; ahora, la técnica ha mejorado, la unión para sostener el techo es perfecta, según distintas modalidades: pico de flauta, boca de pez y otras”.

La asociación ha edificado incluso en Santa Cruz de la Sierra: 170 m2 que pueden demandar tres meses, pues son pocos los que saben hacerlo. La construcción es más barata respecto a una de concreto o de madera; y es muy resistente. Tacwarti no produce de manera permanente por la inexistencia de un mercado que demande constantemente su trabajo. Con 200 hectáreas concedidas por la comunidad, cumple con pedidos expresos que se incrementan en el último cuatrimestre de cada año, indica el artesano Daniel Ribera, mientras no deja de trabajar en el lijado previo al barnizado de un marco de ventana.

En la plaza, Mario dibuja figuras irresueltas en la arena con una rama y con firmeza dice que lo único que falta es la aprobación legal de un plan de manejo, lo que permitirá aprovechar de mejor manera los recursos no maderables. “El plan ya se diseñó, pero seguimos esperando que se apruebe; sólo así vamos a incrementar la producción”.

En San Pablo, la gente camina sin apuro alguno, y las mujeres mayores exhiben su habilidad de equilibrar un gran racimo de bananos en la cabeza. Las llamadas telefónicas que se reciben en una cabina son anunciadas por una bocina que se escucha en todo el pueblo. Las madres o las hijas mayores peinan a los pequeños en la puerta de las casas. Pero, ni una comunidad indígena como es San Pablo huye de la influencia de la ciudad y del mundo. Esto se evidencia, por ejemplo, en las niñas que corren a la escuela con uniformes de camisa blanca y falda azul, y mochilas en las que lucen princesas de Disney, Mickey Mouse o las Monster High.

El paisaje sonoro de voces que se escapan por las ventanas de las casas, de risas de adolescentes reunidas en la plaza y de la naturaleza misma se rompe cuando dos mujeres se ayudan parar sacar una rockola a la puerta de la única casa que ofrece comida y bebida al forastero. Suena entonces la voz del mexicano Vicente Fernández interpretando la ranchera sobre ciertas mujeres divinas, la primera de muchas canciones que serán seleccionadas por la única pareja que come algo en el lugar.

Una monocotiledónea

La tacuara es un pasto de las familia de las gramíneas, monocotiledónea que no forma corteza ni madera. La especialista cruceña se refiere a ella como “un pasto arrogante que se cree árbol”, ya que puede crecer hasta 24 metros de altura.

El bambú es reconocido mundialmente como un material autosustentable y ambientalmente amigable. El boliviano Eduardo Achá, en su proyecto Bambú como material de alta tecnología, propone su uso en la aeronáutica, la naval, la energía eólica la y construcción civil (en lugar del acero para el hormigón armado).

El biólogo Moory Romero considera que la ciencia sólo está valorando los saberes ancestrales. Y su colega Barba indica que hay 24 especies del vegetal en el país, de las que se usa algunas sólo en la fabricación de instrumentos musicales. Del género Guadua, el bambú leñoso, existen diez especies importantes para la construcción, de las que la Guadua chacoensis está en San Pablo de Guarayos.

Barba alerta sobre peligros, como la presencia de aserraderos que tienta a los comunarios a dejar sus chacos y trabajar en actividades madereras no siempre legales. Asimismo, la llegada de colonos suele empujar a los guarayos a alquilar sus tierras o venderlas para cultivos intensivos. Por ello, el uso de la tacuara de forma sostenible se abre como la opción para la economía y el futuro de San Pablo.




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