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martes, 12 de marzo de 2019
martes, 6 de septiembre de 2016
miércoles, 10 de agosto de 2016
Una muestra explora los hitos de la arquitectura actual en Bolivia
"La arquitectura en Bolivia ha logrado una relevancia no alcanzada antes; por ello, consideramos que es importante reflexionar sobre esta disciplina, tan influyente en la vida de toda sociedad”.
Con esas palabras, la curadora Cecilia Lampo describe la muestra Reflexiones: la arquitectura boliviana actual. La propuesta estará abierta hasta el 26 de agosto, en el Artespacio CAF, ubicado en la avenida Arce, 2915, esquina Clavijo, zona San Jorge.
En la muestra participa la artista visual Alejandra Delgado, quien presenta fotografías en negativo de construcciones contemporáneas andinas. A la exposición se suman los arquitectos Andrés Costa du Rels, Luis Ignacio Gallardo, Iván Valdez y Freddy Mamani, quienes exhiben maquetas, dibujos, esquemas y procesos de pensamiento arquitectónico.
Costa du Rels y Gallardo son arquitectos paceños formados en la Universidad Católica Boliviana San Pablo. En 2003 fundaron la empresa Gallardo/Costa du Rels. Su trabajo ha sido publicado en la Revista Escala de Colombia y en la segunda edición de Backstage Architecture de Italia, curaduría que recoge el trabajo de 57 arquitectos menores de 35 años a nivel mundial .
Sus obras han sido expuestas en la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo de Medellín, Colombia (2010), en Backstage Architecture en Venecia, Italia (2012), en el Crown Hall del Instituto de Tecnología de Illinois en Chicago, EEUU. (2012) y en Artespacio CAF en La Paz (2012).
Mamani es técnico superior en construcciones civiles, ingeniero civil y arquitecto. En 10 años de trayectoria, realizó más de 60 obras a las que denomina "Arquitectura Andina” que están presentes en La Paz, Oruro, Potosí, Puno (Perú) y Brasilia (Brasil) .
Valdez es graduado como arquitecto en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Entre 2002 y 2012 vivió y trabajó en Londres donde colaboró con varias oficinas de renombre internacional. Durante ese tiempo obtuvo una maestría del programa "Ladscape Urbanism” en la Architectural Association School of Architecture de Londres (2004).
En el marco de la muestra, los organizadores realizaron un conversatorio sobre líneas de análisis del proceso de diseño arquitectónico nacional. "Queremos indagar si existe una identidad arquitectónica propia de Bolivia; analizar si los procesos arquitectónicos están vigentes en cuanto a procesos y materiales; así mismo, conocer cómo afecta lo que se está construyendo en la vida de los ciudadanos”, complementó Lampo.
Otro de los curadores de la exposición fue el arquitecto Gastón Gallardo, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), dice la presentación de la muestra.
Con esas palabras, la curadora Cecilia Lampo describe la muestra Reflexiones: la arquitectura boliviana actual. La propuesta estará abierta hasta el 26 de agosto, en el Artespacio CAF, ubicado en la avenida Arce, 2915, esquina Clavijo, zona San Jorge.
En la muestra participa la artista visual Alejandra Delgado, quien presenta fotografías en negativo de construcciones contemporáneas andinas. A la exposición se suman los arquitectos Andrés Costa du Rels, Luis Ignacio Gallardo, Iván Valdez y Freddy Mamani, quienes exhiben maquetas, dibujos, esquemas y procesos de pensamiento arquitectónico.
Costa du Rels y Gallardo son arquitectos paceños formados en la Universidad Católica Boliviana San Pablo. En 2003 fundaron la empresa Gallardo/Costa du Rels. Su trabajo ha sido publicado en la Revista Escala de Colombia y en la segunda edición de Backstage Architecture de Italia, curaduría que recoge el trabajo de 57 arquitectos menores de 35 años a nivel mundial .
Sus obras han sido expuestas en la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo de Medellín, Colombia (2010), en Backstage Architecture en Venecia, Italia (2012), en el Crown Hall del Instituto de Tecnología de Illinois en Chicago, EEUU. (2012) y en Artespacio CAF en La Paz (2012).
Mamani es técnico superior en construcciones civiles, ingeniero civil y arquitecto. En 10 años de trayectoria, realizó más de 60 obras a las que denomina "Arquitectura Andina” que están presentes en La Paz, Oruro, Potosí, Puno (Perú) y Brasilia (Brasil) .
Valdez es graduado como arquitecto en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Entre 2002 y 2012 vivió y trabajó en Londres donde colaboró con varias oficinas de renombre internacional. Durante ese tiempo obtuvo una maestría del programa "Ladscape Urbanism” en la Architectural Association School of Architecture de Londres (2004).
En el marco de la muestra, los organizadores realizaron un conversatorio sobre líneas de análisis del proceso de diseño arquitectónico nacional. "Queremos indagar si existe una identidad arquitectónica propia de Bolivia; analizar si los procesos arquitectónicos están vigentes en cuanto a procesos y materiales; así mismo, conocer cómo afecta lo que se está construyendo en la vida de los ciudadanos”, complementó Lampo.
Otro de los curadores de la exposición fue el arquitecto Gastón Gallardo, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), dice la presentación de la muestra.
domingo, 3 de julio de 2016
Cholets “A través de estas casas están comunicando algo”
Yolanda Salazar, autora del libro Arquitectura emergente, una nueva forma de construir imaginarios urbanos en El Alto, sostiene que a través de estas edificaciones los dueños están comunicando su identidad y, además, se están mostrando como los nuevos ricos que son.
La investigadora es licenciada en Comunicación Social. Realizó trabajos para la agencia española EFE y también formó parte de la redacción de Página Siete. En la actualidad es periodista de la Agencia de Noticias Fides.
¿Cómo nace la idea para investigar sobre este tema?
Yo estaba viajando a Copacabana, entonces se me apagó el celular; abrí la ventana del bus y vi que habían estas casas que al principio yo juraba que eran museos, pero al ver que eran tantas, dije: ‘No creo que sean museos’.
Entonces, me puse a investigar un poco. Creo que ésa ha sido mi curiosidad por saber qué pasa adentro y por qué ponen tantas cosas afuera. Eso es lo que ha hecho que en el momento de hacer mi tesis comience a ver cómo podría abordar este tema a través de la comunicación y es ahí donde indagué sobre los imaginarios urbanos de Amado Silva, que justamente estudia la percepciones de la sociedad, las percepciones que vive en esas calles y para ver si están o no de acuerdo con las transformaciones y cómo perciben estas transformaciones de su ciudad.
Me ha parecido súper interesante porque a través de estas casas están comunicando algo que ya se está consolidando. Entonces, más allá de su identidad también creo que es parte de un momento en el que también ellos se están mostrando.
Hay una cita del sociólogo Fernando Untoja que dice los aymaras se dedicaron a ahorrar y ahora es el momento de demostrar todo ese dinero, todo ese ahorro. Entonces, creo que es eso. Es el momento en el que ellos han visto pertinente para mostrarse, pero con todo, como los nuevos ricos que son, porque hay que aceptar: son los nuevos ricos de Bolivia.
¿Esto de "nuevos ricos” tiene su correlato en lo político?
Como tal no creo. Sí sé que algunos están de acuerdo con el "proceso de cambio” que se está viviendo. Pero yo creo que la única relación que existe es justamente el hecho de sentir que tienen un apoyo en el Gobierno para poder mostrarse.
No creo que no hubiera sido tan contundente si es que el Presidente no hubiera sido indígena para que esto caiga como un boom, porque creo que es eso lo que faltaba, el hecho de sentirse un poco seguros y en quién apoyarse como para mostrarse. Entonces, creo que así políticamente así, totalmente no creo.
¿Qué tipo de gratificaciones te ha dado este trabajo?
El tener un libro a mi edad (nació en 1992) es la mayor satisfacción que puedo sentir. También, gracias a Dios, me han llamado de Australia, de Buenos Aires para saber cómo conseguir el libro. Creo que eso y ver que el tema no sólo es interesante para la gente de La Paz, y ver que otras personas también están interesadas en la arquitectura te da un poco una idea de que deberían haber más investigaciones porque es un fenómeno que se está consolidando y es algo que está interesando al mundo.
¿Cuál es la principal conclusión a la que llegas?
Es complicado dar sólo una conclusión. Yo creo que una de las frases que es totalmente cierta es que "el ser se demuestra a través de su casa”. Entonces, es algo que es parte de él. No es algo que puedes habitar y deshabitar en cualquier momento... Ellos han construido su casa con todo su sacrificio, entonces ya se vuelve parte de ellos, entonces la casa se vuelve parte del ser. Creo que ésa es una de las grandes conclusiones.
Video Villa Adela, el epicentro de la arquitectura andina
La zona de Villa Adela de la urbe alteña es el epicentro de la arquitectura andina, dado que en ese barrio se concentra la mayor cantidad de edificaciones de ese tipo, según el estudio Arquitectura emergente, una nueva forma de construir imaginarios urbanos en El Alto.
"Los habitantes de dicho barrio son responsables de promover la arquitectura emergente en sus calles. Cabe recordar que las formaciones sociales son las que establecen las formas urbanas y arquitectónicas. Es así que los dueños realizan esta arquitectura con una mezcla de rasgos que sintonizan con su identidad y sus experiencias”, se establece en ese estudio, que fue elaborado por la periodista Yolanda Salazar.
Según el libro, hasta 2014 en esa zona había 15 construcciones de este tipo; en la actualidad se construyen al menos cuatro adicionales. El segundo barrio alteño en tener la mayor cantidad de este tipo de construcciones es la zona 16 de Julio, con una decena de ejemplares.
"Si bien el barrio es residencial y comercial a la vez, creo que este último elemento incide mucho, porque los barrios que más tienen estas casas están habitados por gente que es comerciante. La zona 16 de Julio también tiene varias de estas casas, al igual que Villa Adela”, explica Salazar.
Los mensajes
La autora de la investigación sostiene que los mensajes que los propietarios quieren dar a conocer, con los colores y diseños, "difiere mucho de cada dueño”. En el libro se establece que "las significaciones que los propietarios atribuyen a los detalles y colores asignados a los diferentes espacios tienen una propia significación, una construida por el propietario, la familia y la experiencia de vida”.
Salazar comenta que el diseño de diamante fue elegido por una familia, por ejemplo, para mostrar "el poder económico que llegó a tener”. Los diseños -agrega- también evocan a sus antepasados, como a su pueblo de procedencia.
En el caso de los colores, las significaciones van desde expresar riqueza hasta las experiencias de viaje. "Los colores de la fachada como el interior no son una decisión basada solamente en la estética, sino también llevan una connotación personal, ellos deciden qué quieren exhibir a sus vecinos y a los transeúntes”, se lee en el libro.
Salazar comenta que un propietario escogió el rojo "porque vio en China que se utiliza este color, sobre todo, en grandes construcciones que costaron mucho dinero como los palacios chinos”.
La estructura
En estas construcciones hay tiendas, galerías para espacios comerciales; además, muchas tienen salón de fiestas; hay algunas que tienen canchas de pasto sintético, alojamiento, raquet y wally. En el último piso se ostenta la vivienda del propietario. El costo de este tipo de construcciones, según Arquitectura emergente, está entre los 500 mil y un millón de dólares, aunque hay casos en que puede llegar a costar cinco millones de dólares.
En este estudio se establece que aún no hay "una uniformidad” en torno a la denominación de este tipo de edificaciones. Hay quienes las llaman "arquitectura cohetillo”, "arquitectura chola”, o "cholets”. Salazar considera que la "arquitectura andina explica un poco de lo que es: de la parte andina, tiene símbolos andinos y es también como que de El Alto”.
Una pregunta de rigor: ¿qué buscan con este tipo de construcciones sus propietarios? "Creo que lo principal es que quieren comunicar su identidad. La identidad no sólo del dueño de casa, sino también la identidad de la familia como tal y también de las otras generaciones antes de ellos. Entonces, eso lo expresan a través de ciertos diseños y ciertos colores que ellos eligen”, responde Salazar.
Esta arquitectura en The New Yorker
La obra de Freddy Mamani, el arquitecto impulsor de esta tendencia en la construcción, ha trascendido las fronteras nacionales en los últimos años. En diciembre de 2015, la revista norteamericana The New Yorker le dedicó un reportaje-perfil a Mamani, mientras que su más reciente aparición pública se dio a principios de junio, cuando le tocó dictar una charla magistral sobre su arte en Arica (Chile).
"El arquitecto boliviano Freddy Mamani Silvestre no tiene una oficina, no usa una computadora o dibuja planos formales. Él esboza sus planes en una pared o los transmite oralmente a sus asociados”, se lee al principio del reportaje titulado "High aspirations” (Altas aspiraciones) en la revista estadounidense.
"Los habitantes de dicho barrio son responsables de promover la arquitectura emergente en sus calles. Cabe recordar que las formaciones sociales son las que establecen las formas urbanas y arquitectónicas. Es así que los dueños realizan esta arquitectura con una mezcla de rasgos que sintonizan con su identidad y sus experiencias”, se establece en ese estudio, que fue elaborado por la periodista Yolanda Salazar.
Según el libro, hasta 2014 en esa zona había 15 construcciones de este tipo; en la actualidad se construyen al menos cuatro adicionales. El segundo barrio alteño en tener la mayor cantidad de este tipo de construcciones es la zona 16 de Julio, con una decena de ejemplares.
"Si bien el barrio es residencial y comercial a la vez, creo que este último elemento incide mucho, porque los barrios que más tienen estas casas están habitados por gente que es comerciante. La zona 16 de Julio también tiene varias de estas casas, al igual que Villa Adela”, explica Salazar.
Los mensajes
La autora de la investigación sostiene que los mensajes que los propietarios quieren dar a conocer, con los colores y diseños, "difiere mucho de cada dueño”. En el libro se establece que "las significaciones que los propietarios atribuyen a los detalles y colores asignados a los diferentes espacios tienen una propia significación, una construida por el propietario, la familia y la experiencia de vida”.
Salazar comenta que el diseño de diamante fue elegido por una familia, por ejemplo, para mostrar "el poder económico que llegó a tener”. Los diseños -agrega- también evocan a sus antepasados, como a su pueblo de procedencia.
En el caso de los colores, las significaciones van desde expresar riqueza hasta las experiencias de viaje. "Los colores de la fachada como el interior no son una decisión basada solamente en la estética, sino también llevan una connotación personal, ellos deciden qué quieren exhibir a sus vecinos y a los transeúntes”, se lee en el libro.
Salazar comenta que un propietario escogió el rojo "porque vio en China que se utiliza este color, sobre todo, en grandes construcciones que costaron mucho dinero como los palacios chinos”.
La estructura
En estas construcciones hay tiendas, galerías para espacios comerciales; además, muchas tienen salón de fiestas; hay algunas que tienen canchas de pasto sintético, alojamiento, raquet y wally. En el último piso se ostenta la vivienda del propietario. El costo de este tipo de construcciones, según Arquitectura emergente, está entre los 500 mil y un millón de dólares, aunque hay casos en que puede llegar a costar cinco millones de dólares.
En este estudio se establece que aún no hay "una uniformidad” en torno a la denominación de este tipo de edificaciones. Hay quienes las llaman "arquitectura cohetillo”, "arquitectura chola”, o "cholets”. Salazar considera que la "arquitectura andina explica un poco de lo que es: de la parte andina, tiene símbolos andinos y es también como que de El Alto”.
Una pregunta de rigor: ¿qué buscan con este tipo de construcciones sus propietarios? "Creo que lo principal es que quieren comunicar su identidad. La identidad no sólo del dueño de casa, sino también la identidad de la familia como tal y también de las otras generaciones antes de ellos. Entonces, eso lo expresan a través de ciertos diseños y ciertos colores que ellos eligen”, responde Salazar.
Esta arquitectura en The New Yorker
La obra de Freddy Mamani, el arquitecto impulsor de esta tendencia en la construcción, ha trascendido las fronteras nacionales en los últimos años. En diciembre de 2015, la revista norteamericana The New Yorker le dedicó un reportaje-perfil a Mamani, mientras que su más reciente aparición pública se dio a principios de junio, cuando le tocó dictar una charla magistral sobre su arte en Arica (Chile).
"El arquitecto boliviano Freddy Mamani Silvestre no tiene una oficina, no usa una computadora o dibuja planos formales. Él esboza sus planes en una pared o los transmite oralmente a sus asociados”, se lee al principio del reportaje titulado "High aspirations” (Altas aspiraciones) en la revista estadounidense.
jueves, 2 de junio de 2016
Yolanda Salazar presenta su libro sobre los imaginarios urbanos y la arquitectura andina
La periodista de ANF, Yolanda Salazar, presentó el martes su primer libro titulado "Arquitectura emergente. Una nueva forma de construir imaginarios urbanos", en el que realiza una investigación sobre las casas más conocidas como "cholets" a través de sus propietarios, los vecinos, arquitectos y sociólogos.
"La investigación se enmarca en el barrio de Villa Adela de la ciudad de El Alto, en el que se investiga las percepciones, proyecciones y deseos de los propietarios de estas casas como también de los vecinos del barrio, arquitectos que construyen o no estas edificaciones y sociólogos que dan su punto de vista sobre estas casas", dijo Salazar.
El libro fue publicado en el marco del convenio que tiene la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana "San Pablo" y la editorial Plural que publica las tesis más relevantes de la carrera. Esta es la segunda tesis que se convierte en un libro.
"Cuando comencé a tener las primeras aproximaciones en el barrio estaba más enfocada en describir y entender los detalles de las fachadas y de los salones de fiestas; pero, a medida que iba avanzando me di cuenta que el protagonismo no lo tiene la edificación en sí, sino el dueño, quien es el que elige intencionalmente todos los detalles que hay en el interior como en la fachada de su casa. Además es quien le da una significado a cada elemento", manifestó Salazar.
El libro fue presentado por la investigadora Ximena Soruco y el director de la carrera de Comunicación Social, Rafael Loayza, y fue comentado por la socióloga Fernanda Wanderley, quienes felicitaron el trabajo de Salazar.
La autora agradeció el interés y el apoyo a su investigación, expresó que es un tema que hay que sacarlo de la extravagancia para poder entender las razones por las cuales los propietarios deciden tener una de estas casas en la que evocan a su procedencia, a sus familiares, pero también se proyectan y se vuelve "parte del ser".
El libro está a la venta en la editorial Plural y en la carrera de Comunicación Social de la UCB.
"La investigación se enmarca en el barrio de Villa Adela de la ciudad de El Alto, en el que se investiga las percepciones, proyecciones y deseos de los propietarios de estas casas como también de los vecinos del barrio, arquitectos que construyen o no estas edificaciones y sociólogos que dan su punto de vista sobre estas casas", dijo Salazar.
El libro fue publicado en el marco del convenio que tiene la carrera de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana "San Pablo" y la editorial Plural que publica las tesis más relevantes de la carrera. Esta es la segunda tesis que se convierte en un libro.
"Cuando comencé a tener las primeras aproximaciones en el barrio estaba más enfocada en describir y entender los detalles de las fachadas y de los salones de fiestas; pero, a medida que iba avanzando me di cuenta que el protagonismo no lo tiene la edificación en sí, sino el dueño, quien es el que elige intencionalmente todos los detalles que hay en el interior como en la fachada de su casa. Además es quien le da una significado a cada elemento", manifestó Salazar.
El libro fue presentado por la investigadora Ximena Soruco y el director de la carrera de Comunicación Social, Rafael Loayza, y fue comentado por la socióloga Fernanda Wanderley, quienes felicitaron el trabajo de Salazar.
La autora agradeció el interés y el apoyo a su investigación, expresó que es un tema que hay que sacarlo de la extravagancia para poder entender las razones por las cuales los propietarios deciden tener una de estas casas en la que evocan a su procedencia, a sus familiares, pero también se proyectan y se vuelve "parte del ser".
El libro está a la venta en la editorial Plural y en la carrera de Comunicación Social de la UCB.
jueves, 21 de enero de 2016
El arquitecto de los “cholets ”, invitado del LADFEST de Lima
El boliviano Freddy Mamani, pionero de la arquitectura andina, es uno de los invitados especiales de la segunda versión del Latin American Design Festival (LADFEST), que se realizará en Lima, Perú. El arquitecto compartirá su experiencia sobre las casas denominadas "cholets”, el fenómeno arquitectónico que se está viviendo en la ciudad de El Alto.
Según Mamani, en el festival hablará además sobre la identidad que se muestra a través de este estilo de construcción que ha trascendido fronteras. "(La arquitectura andina) ya se conoce en todo el mundo. Ahora, voy a difundir y explicar sobre mi trabajo”, aseguró.
El arquitecto boliviano, quien es uno de los 13 disertantes internacionales, dará charlas el 11, 12 y 13 de febrero. En el encuentro participan expertos de más de 10 países, como Suecia, Estonia, Japón, Argentina y Colombia, entre otros.
Mamani contó que recibió la invitación para participar en el LADFEST hace aproximadamente un año. "Es un orgullo representar a Bolivia. Nuestra arquitectura andina marca una identidad y tiene una visión hacia el futuro. Pienso que transmitir este trabajo nos hace únicos”, explicó.
El LADFEST es un festival interdisciplinario que reúne a creativos del diseño, la arquitectura y las artes visuales. Durante tres días, los expertos dictan talleres y charlas sobre las más recientes tendencias y estilos.
En este espacio, Mamani también hablará de sus inicios. "Empecé desde niño en la construcción, pasé por diferentes carreras en las universidades, donde me enseñaban una tendencia, a no romper esquemas y normas.
Pero para mí no es así, yo creo que siempre se puede innovar y crear”, recalcó.
El estilo arquitectónico promovido por Mamani ha llamado la atención de la prensa internacional, como el New York Times, la BBC y otros medios. Recientemente, la revista norteamericana The New Yorker, en su edición de diciembre de 2015, dedicó un reportaje a Mamani, creador de los llamados "cholets”.
"El arquitecto boliviano Freddy Mamani Silvestre no tiene una oficina, no usa una computadora o dibuja planos formales. Él esboza sus planes en una pared o los transmite oralmente a sus asociados”, se lee al principio de la nota que lleva el título "High aspirations” (Altas aspiraciones).
En octubre del año pasado, Mamani ofreció charlas en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), en Santiago. Luego, dio otra conferencia en el parque cultural de Valparaíso. Su visita fue organizada y gestionada por la Nueva Gráfica Chilena, del área de Diseño del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de la Universidad de Chile.
domingo, 10 de enero de 2016
El arquitecto de los “cholets” es destacado por The New Yorker
"¡Vale la pena!”, "¡Impresionante!” o "Realmente quiero ver los diseños por mi cuenta”, son algunas expresiones de usuarios de Twitter de habla inglesa sobre el trabajo del arquitecto boliviano Freddy Mamani y su propuesta de diseño que da de qué hablar en los dos últimos años.
Y es que la "nueva arquitectura andina” de vivos tiwanacotas con formas y colores de aguayos trascendió los límites de El Alto. La prestigiosa revista norteamericana The New Yorker, en su edición de diciembre de 2015, dedicó un reportaje-perfil a Mamani, creador de los llamados "cholets”.
"El arquitecto boliviano Freddy Mamani Silvestre no tiene una oficina, no usa una computadora o dibuja planos formales. Él esboza sus planes en una pared o los transmite oralmente a sus asociados”, se lee al principio de la nota que titula "High aspirations” (Altas aspiraciones).
Durante la pasada gestión, la obra de Mamani estuvo en boca de más de un curioso, un crítico, un arquitecto y de un ciudadano de a pie. El término "cholet”, con el cual se bautizó el particular estilo de este profesional, fue uno de los puntos de inicio del debate de esta propuesta arquitectónica nacida a más de 4.000 metros de altitud.
Mamani rompió los estilos y esquemas del diseño y la construcción para plantear desde la ciudad de El Alto una nueva forma de edificaciones. En sus obras se ve reflejada la identidad de la cultura andina, mezclada con expresiones de colores vivos e intensos. Además, la multiplicidad de formas geométricas le da un toque distinto.
"En la universidad nos forman bajo normas. Nos dicen que lo mejor es lo minimalista, que no contempla colores, porque si haces eso ya no eres arquitecto, pero en nuestra cultura (andina) no es así. A uno tiene que gustarle lo que hace y eso estoy haciendo”, declaró Mamani en una anterior entrevista con Página Siete.
La presidenta de la Cámara de Industria y Comercio de El Alto, María Cristina Soto, considera que es cierto que su obra tiene bastante color, pero que ello no significa que no sea una propuesta nueva para la arquitectura en sí.
"Estamos muy contentos por el resultado y por la forma en la que él ha podido trascender fuera de Bolivia como un aporte más a la ciudad de El Alto en su verdadera identidad y en su propuesta país y su propuesta mundo”, agrega.
Desde que su estilo se hizo visible, Mamani fue visitado por la prensa de varios países y su concepto del diseño y la arquitectura fueron objeto de debate en más de un escenario. "Cada una de sus casas tiene una fachada futurista, una planta baja comercial con escaparates de jazz , una sala de fiestas barroca en el entresuelo…”, concluye The New Yorker sobre este arquitecto artista.
Y es que la "nueva arquitectura andina” de vivos tiwanacotas con formas y colores de aguayos trascendió los límites de El Alto. La prestigiosa revista norteamericana The New Yorker, en su edición de diciembre de 2015, dedicó un reportaje-perfil a Mamani, creador de los llamados "cholets”.
"El arquitecto boliviano Freddy Mamani Silvestre no tiene una oficina, no usa una computadora o dibuja planos formales. Él esboza sus planes en una pared o los transmite oralmente a sus asociados”, se lee al principio de la nota que titula "High aspirations” (Altas aspiraciones).
Durante la pasada gestión, la obra de Mamani estuvo en boca de más de un curioso, un crítico, un arquitecto y de un ciudadano de a pie. El término "cholet”, con el cual se bautizó el particular estilo de este profesional, fue uno de los puntos de inicio del debate de esta propuesta arquitectónica nacida a más de 4.000 metros de altitud.
Mamani rompió los estilos y esquemas del diseño y la construcción para plantear desde la ciudad de El Alto una nueva forma de edificaciones. En sus obras se ve reflejada la identidad de la cultura andina, mezclada con expresiones de colores vivos e intensos. Además, la multiplicidad de formas geométricas le da un toque distinto.
"En la universidad nos forman bajo normas. Nos dicen que lo mejor es lo minimalista, que no contempla colores, porque si haces eso ya no eres arquitecto, pero en nuestra cultura (andina) no es así. A uno tiene que gustarle lo que hace y eso estoy haciendo”, declaró Mamani en una anterior entrevista con Página Siete.
La presidenta de la Cámara de Industria y Comercio de El Alto, María Cristina Soto, considera que es cierto que su obra tiene bastante color, pero que ello no significa que no sea una propuesta nueva para la arquitectura en sí.
"Estamos muy contentos por el resultado y por la forma en la que él ha podido trascender fuera de Bolivia como un aporte más a la ciudad de El Alto en su verdadera identidad y en su propuesta país y su propuesta mundo”, agrega.
Desde que su estilo se hizo visible, Mamani fue visitado por la prensa de varios países y su concepto del diseño y la arquitectura fueron objeto de debate en más de un escenario. "Cada una de sus casas tiene una fachada futurista, una planta baja comercial con escaparates de jazz , una sala de fiestas barroca en el entresuelo…”, concluye The New Yorker sobre este arquitecto artista.
martes, 5 de enero de 2016
Diseñador de los cholets es de lo más destacado en 2015
Freddy Mamani, el arquitecto que diseñó los cholets, esos edificios multicolores que se encuentran en abundancia en la ciudad de El Alto del departamento de La Paz, ha sido considerado por la prestigiosa revista digital de arquitectura ArchDaily como uno de los líderes del 2015 en este campo, gracias a sus creaciones.
ArchDaily, en su edición de diciembre, selecciona los proyectos y líderes de arquitectura más inspiradores de 2015, en diferentes categorías, y en la de diseño y conceptualización, aparecen Mamani y sus cholets.
Lo que se dice
“A sus 44 años, Mamani ya ha construido más de 60 edificios en El Alto y ha establecido una nueva ‘arquitectura andina’”, menciona la revista, que fue fundada y es editada por el arquitecto chileno David Basulto.
“A pesar del formalismo y el rechazo de las universidades locales y de la ‘élite blanca’, Mamani ha probado ser la convergencia de los factores económicos, sociales y políticos de Bolivia”, agrega la publicación, considerada una de las mejores revistas online del mundo.
“La nueva burguesía aimara emergió mientras El Alto, se expandió sin planificación ni control. Este nuevo grupo encontró en Mamani a alguien sin ninguna imposición académica, alguien que busca capturar la identidad aimara en la arquitectura, y la consolidación del proceso de reconocer la multinacional herencia de Bolivia después del ascenso de Evo Morales, el primer presidente indígena”, finaliza ArchDaily.
Reconocimiento
Las edificaciones de Freddy Mamani han sido mostradas en medios de gran valía internacional. En octubre, la revista estadounidense New Yorker le dedicó algunas páginas para mostrar algunos de sus diseños. También, el año pasado, el músico chileno Gepe filmó el video de una de sus canciones, Hambre, en uno de los cholets.
Réplicas en Santa Cruz
En la ciudad de Santa Cruz ya existe un cholet, en la zona del mercado Abasto, aunque el diseño no fue hecho por Mamani, sino por el ingeniero paceño Antonio Valencia. El edificio le pertenece a la familia Quisbert Aduviri, y su planta baja funciona como restaurante y los pisos de arriba son utilizados como residencial.
ArchDaily, en su edición de diciembre, selecciona los proyectos y líderes de arquitectura más inspiradores de 2015, en diferentes categorías, y en la de diseño y conceptualización, aparecen Mamani y sus cholets.
Lo que se dice
“A sus 44 años, Mamani ya ha construido más de 60 edificios en El Alto y ha establecido una nueva ‘arquitectura andina’”, menciona la revista, que fue fundada y es editada por el arquitecto chileno David Basulto.
“A pesar del formalismo y el rechazo de las universidades locales y de la ‘élite blanca’, Mamani ha probado ser la convergencia de los factores económicos, sociales y políticos de Bolivia”, agrega la publicación, considerada una de las mejores revistas online del mundo.
“La nueva burguesía aimara emergió mientras El Alto, se expandió sin planificación ni control. Este nuevo grupo encontró en Mamani a alguien sin ninguna imposición académica, alguien que busca capturar la identidad aimara en la arquitectura, y la consolidación del proceso de reconocer la multinacional herencia de Bolivia después del ascenso de Evo Morales, el primer presidente indígena”, finaliza ArchDaily.
Reconocimiento
Las edificaciones de Freddy Mamani han sido mostradas en medios de gran valía internacional. En octubre, la revista estadounidense New Yorker le dedicó algunas páginas para mostrar algunos de sus diseños. También, el año pasado, el músico chileno Gepe filmó el video de una de sus canciones, Hambre, en uno de los cholets.
Réplicas en Santa Cruz
En la ciudad de Santa Cruz ya existe un cholet, en la zona del mercado Abasto, aunque el diseño no fue hecho por Mamani, sino por el ingeniero paceño Antonio Valencia. El edificio le pertenece a la familia Quisbert Aduviri, y su planta baja funciona como restaurante y los pisos de arriba son utilizados como residencial.
lunes, 26 de octubre de 2015
Los 'Cholets' de El Alto gustaron en Santa Cruz
Los coloridos edificios, que cada vez son más frecuentes en El Alto y en algunos barrios de La Paz, comienzan a aparecer en Santa Cruz. En una de las zonas más concurridas, por el Mercado Abasto, más exactamente en el Tercer Anillo Interno, frente al parque Las Flores, un ejemplo de "arquitectura neoandina" llama la atención por los colores chillones de la fachada y sus vidrios reflectantes. Es mucho más modesto que sus hemanas paceñas, pero fiel a su origen muestra a pie de calle un restaurante, otros espacios para alguna actividad comercial y, en lo alto de todo, un chalet. Aunque es difícil establecer quién fue el primero que creó estructuras de este tipo, el abanderado es Freddy Mamani, arquitecto nacido en Catavi (Potosí), quien dice que ha sembrado sus creaciones en todo el país e incluso fuera, y que le han salido imitadores, como éste de tierras cruceñas.
jueves, 10 de septiembre de 2015
ARQUITECTURA ANDINA: Freddy Mamani prepara su segundo libro
El arquitecto Freddy Mamani anunció que prepara su segundo libro con el objetivo de contribuir a la enseñanza de la arquitectura andina en las universidades.
La necesidad de hacer este texto es sentar un precedente para que se conozca que nació en la ciudad de El Alto y que se consolida como una nueva identidad en Bolivia. El profesional manifestó que incluirá indicaciones de los materiales y cálculos que utiliza para la conjunción de algunas materias primas.
La necesidad de hacer este texto es sentar un precedente para que se conozca que nació en la ciudad de El Alto y que se consolida como una nueva identidad en Bolivia. El profesional manifestó que incluirá indicaciones de los materiales y cálculos que utiliza para la conjunción de algunas materias primas.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
martes, 8 de septiembre de 2015
viernes, 4 de septiembre de 2015
Impulsor de arquitectura andina organiza una feria
El impulsor de la arquitectura andina, Freddy Mamani, anunció la feria de Construcción “Expo A4” que tiene por objetivo mostrar nuevos diseños y posibilidades para mejorar las fachadas urbanas con simbología cultural de diferentes etnias a nivel nacional.
“Las obras que realizó son particulares, en edificios de cuatro a 11 plantas que generalmente están dispersas en esta urbe, por lo tanto no hay un lugar exclusivo de élite, sino existen en diversas geografías donde los propietarios solicitaron que puedan demostrar mis obras”, explicó.
Entre la característica particular que es conocido como una nueva tendencia arquitectónica que tienen identidad cultural, no sólo del sector andino, sino de valles y del propio oriente, incluyendo hasta los colores que se utilizan en los propios tejidos con colores encendidos, donde los abuelos son quienes hicieron conocer en las artesanías hoy expuestas en la arquitectura de las nuevas fachadas.
Mamani se acomoda a diferentes culturas porque también sus obras ahora son realizadas en el oriente boliviano, donde la palmera, la flor de Patuju, entre otras simbologías que son parte del acervo nacional con la diversidad de culturas, se usan en las fachadas.
“Utilizamos incluso elementos orgánicos del lugar, factor que no solamente marca identidad, sino para la propia protección del medioambiente. Por lo tanto, nuestra obra servirá para promover empresas privadas, lograr contratos en una mesa de negocios y expandir el arte arquitectónico”, explicó.
En la actualidad, uno de los principales problemas que enfrenta el sector de los constructores es de poder lograr mayor posibilidad de importar materia prima, como porcelanatos, cerámica e iluminaciones, que generalmente llega de China, Brasil y Españas de donde los costos son muy altos y el proceso burocrático para importar es muy largo, razón por la que la mesa de negocios a realizarse en el salón Gran Emperatriz de la zona de la 16 de Julio, calle Pascoe, será el encuentro donde la gente podrá conocer de otro tipo de arquitectura y los constructores podrán lograr nuevas contrataciones.
Mamani da cuenta que también ellos realizan la refacción de las fachadas, dándole un “toque”, particular a la vivienda, mejorando la misma con la simbología que los propietarios elijan.
Las nuevas construcciones de fachadas estarán a disposición de los propietarios de inmuebles que deseen edificar o remodelar, logrando nuevos y variados diseños.
“Las obras que realizó son particulares, en edificios de cuatro a 11 plantas que generalmente están dispersas en esta urbe, por lo tanto no hay un lugar exclusivo de élite, sino existen en diversas geografías donde los propietarios solicitaron que puedan demostrar mis obras”, explicó.
Entre la característica particular que es conocido como una nueva tendencia arquitectónica que tienen identidad cultural, no sólo del sector andino, sino de valles y del propio oriente, incluyendo hasta los colores que se utilizan en los propios tejidos con colores encendidos, donde los abuelos son quienes hicieron conocer en las artesanías hoy expuestas en la arquitectura de las nuevas fachadas.
Mamani se acomoda a diferentes culturas porque también sus obras ahora son realizadas en el oriente boliviano, donde la palmera, la flor de Patuju, entre otras simbologías que son parte del acervo nacional con la diversidad de culturas, se usan en las fachadas.
“Utilizamos incluso elementos orgánicos del lugar, factor que no solamente marca identidad, sino para la propia protección del medioambiente. Por lo tanto, nuestra obra servirá para promover empresas privadas, lograr contratos en una mesa de negocios y expandir el arte arquitectónico”, explicó.
En la actualidad, uno de los principales problemas que enfrenta el sector de los constructores es de poder lograr mayor posibilidad de importar materia prima, como porcelanatos, cerámica e iluminaciones, que generalmente llega de China, Brasil y Españas de donde los costos son muy altos y el proceso burocrático para importar es muy largo, razón por la que la mesa de negocios a realizarse en el salón Gran Emperatriz de la zona de la 16 de Julio, calle Pascoe, será el encuentro donde la gente podrá conocer de otro tipo de arquitectura y los constructores podrán lograr nuevas contrataciones.
Mamani da cuenta que también ellos realizan la refacción de las fachadas, dándole un “toque”, particular a la vivienda, mejorando la misma con la simbología que los propietarios elijan.
Las nuevas construcciones de fachadas estarán a disposición de los propietarios de inmuebles que deseen edificar o remodelar, logrando nuevos y variados diseños.
Se proyecta la construcción de un Gran Arco y un hotel Un paseo por los "cholets" alteños
El arquitecto Freddy Mamani, impulsa este tour, que recorrerá veinte casas, además del ingreso a un inmueble en construcción.
Las coloridas mansiones, de amplios ventanales, que recogen la iconografía aymara, serán el escenario para un tour que alista el impulsor de esa arquitectura andina, Freddy Mamani Silvestre (44). El paseo se realizará el 11 y 12 de septiembre, en el marco de la Expo A4.
El recorrido, de ambos días, durará tres horas y se iniciará en la estación del teleférico de la Línea Amarilla, en Ciudad Satélite, y un bus (identificado con el arte A4) realizará el trayecto por la avenida Satélite, Bolivia, Costanera, Juan Pablo II, Alfonso Ugarte y doble vía a Viacha, hasta llegar a la zona 16 de Julio.
“Un educador popular será el guía. Se mostrarán, al menos, 20 construcciones en la ruta”, anunció Marco Quispe, impulsor de este proyecto junto a Freddy Mamani, en el marco de la Primera Feria de la Construcción en la nueva arquitectura Andina que se iniciará el 9 de septiembre. Y cuyo objetivo es relacionar a los interesados en esta nueva corriente con los proveedores del material de edificación. Los asistentes también podrán disfrutar de números musicales con la batucada y se ofrecerá una variedad de platos de la variada gastronomía boliviana.
Este tour culminará con el ingreso de los pasajeros a la feria. Ahí podrán apreciar la construcción del salón de eventos Gran Emperatriz, dónde el visitante disfrutará el contraste del color, apreciada en el recorrido, con la arquitectura blanca de esa obra. “Similar a las grandes catedrales del mundo”.
Quispe señaló que el costo del paseo es de 70 bolivianos, con derecho al ingreso al mencionado evento, dinero que será donado para el trabajo social que se realiza con niños y jóvenes del Proyecto Metro Parada Juvenil de la ciudad de El Alto. Resaltó que un educador popular será el encargado de dar detalles sobre las monumentales edificaciones, también se conocerá la primera casa construida por el promotor de los llamados “Cholets” que se erigen en la ciudad más alta de Bolivia (4000 metros). “Se están iniciando gestiones para formalizar un servicio (tours) sostenido”.
Adelantó que Freddy Mamani emprende otros proyectos como la construcción de un Gran Arco, en la entrada principal de El Alto, cuya propuesta presentará a las autoridades locales y nacionales. Se suma la iniciativa personal de cimentar un hotel donde cada habitación refleje la arquitectura andina. “La idea surge de la demanda de visitantes extranjeros y periodistas internacionales que piden, en su visita a El Alto, al menos dormitar en uno de los bellos palacios que construye Freddy”.
FERIA DE LA CONSTRUCCIÓN.
La primera feria Expo A4 será habilitada en dos ambientes, en el salón Gran Emperatriz, zona 16 de Julio. Se habilitarán dos escenarios, El primero que será para los expositores, y el otro para las actividades artísticas programadas. Subirán al escenario el grupo Mbox, y otros artístas y músicos de esa urbe y se rendirá tributo a los maestros albañiles. También se podrá disfrutar un show de las cholitas luchadoras.
El costo de la entrada es cinco bolivianos. La iniciativa cuenta con el apoyo de Banco Bisa, Incerpaz, DPI, Horcón, Manq´a, La Fundación Cine Nómada, y los Jachas. Mayores referencias al 76223142.
Las coloridas mansiones, de amplios ventanales, que recogen la iconografía aymara, serán el escenario para un tour que alista el impulsor de esa arquitectura andina, Freddy Mamani Silvestre (44). El paseo se realizará el 11 y 12 de septiembre, en el marco de la Expo A4.
El recorrido, de ambos días, durará tres horas y se iniciará en la estación del teleférico de la Línea Amarilla, en Ciudad Satélite, y un bus (identificado con el arte A4) realizará el trayecto por la avenida Satélite, Bolivia, Costanera, Juan Pablo II, Alfonso Ugarte y doble vía a Viacha, hasta llegar a la zona 16 de Julio.
“Un educador popular será el guía. Se mostrarán, al menos, 20 construcciones en la ruta”, anunció Marco Quispe, impulsor de este proyecto junto a Freddy Mamani, en el marco de la Primera Feria de la Construcción en la nueva arquitectura Andina que se iniciará el 9 de septiembre. Y cuyo objetivo es relacionar a los interesados en esta nueva corriente con los proveedores del material de edificación. Los asistentes también podrán disfrutar de números musicales con la batucada y se ofrecerá una variedad de platos de la variada gastronomía boliviana.
Este tour culminará con el ingreso de los pasajeros a la feria. Ahí podrán apreciar la construcción del salón de eventos Gran Emperatriz, dónde el visitante disfrutará el contraste del color, apreciada en el recorrido, con la arquitectura blanca de esa obra. “Similar a las grandes catedrales del mundo”.
Quispe señaló que el costo del paseo es de 70 bolivianos, con derecho al ingreso al mencionado evento, dinero que será donado para el trabajo social que se realiza con niños y jóvenes del Proyecto Metro Parada Juvenil de la ciudad de El Alto. Resaltó que un educador popular será el encargado de dar detalles sobre las monumentales edificaciones, también se conocerá la primera casa construida por el promotor de los llamados “Cholets” que se erigen en la ciudad más alta de Bolivia (4000 metros). “Se están iniciando gestiones para formalizar un servicio (tours) sostenido”.
Adelantó que Freddy Mamani emprende otros proyectos como la construcción de un Gran Arco, en la entrada principal de El Alto, cuya propuesta presentará a las autoridades locales y nacionales. Se suma la iniciativa personal de cimentar un hotel donde cada habitación refleje la arquitectura andina. “La idea surge de la demanda de visitantes extranjeros y periodistas internacionales que piden, en su visita a El Alto, al menos dormitar en uno de los bellos palacios que construye Freddy”.
FERIA DE LA CONSTRUCCIÓN.
La primera feria Expo A4 será habilitada en dos ambientes, en el salón Gran Emperatriz, zona 16 de Julio. Se habilitarán dos escenarios, El primero que será para los expositores, y el otro para las actividades artísticas programadas. Subirán al escenario el grupo Mbox, y otros artístas y músicos de esa urbe y se rendirá tributo a los maestros albañiles. También se podrá disfrutar un show de las cholitas luchadoras.
El costo de la entrada es cinco bolivianos. La iniciativa cuenta con el apoyo de Banco Bisa, Incerpaz, DPI, Horcón, Manq´a, La Fundación Cine Nómada, y los Jachas. Mayores referencias al 76223142.
miércoles, 5 de agosto de 2015
“Cholets”, El Alto y su arquitectura de exportación
CAUSARON FUROR EN EL MERCADO DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA URBE ALTEÑA Y DE OTROS PAÍSES | LOS LLAMADOS “CHOLETS” Y SU CREADOR. FREDDY MAMANI SILVESTRE, SE EXPONDRÁN EN ESTADOS UNIDOS, EN un ENCUENTRO MUNDIAL DE ARQUITECTOS.
Olor a estuco y pintura invaden el ambiente de un nuevo edificio que fue construido en medio del centro comercial de El Alto. La zona 16 de Julio, donde se realiza la feria más importante de la ciudad de 4.000 Metros de Altura, cobija a un nuevo “Cholet”. “Hay que poner más de naranja”, dice Freddy Mamani Silvestre —el arquitecto que “revolucionó” la arquitectura alteña—, mientras uno de los pintores abre las latas de pintura de diferentes colores para realizar las mezclas (combinación de colores para encontrar un tono diferente y llamativo).
“Vas a pasar varias manos, tiene que quedar finito”, instruye Freddy a otro de los obreros que está pintando uno de los techos, mientras él remueve los baldes de pintura que combinó para las diferentes partes de la estructura. La música “chicha” (cumbia peruana), se confunde con los martillazos y el sonido estridente de los taladros que le van dando forma a muchas de las figuras que están diseñadas en las paredes blancas.
La estructura del nuevo edificio está acabada (obra gruesa), pero hay que darle la forma (obra fina); el joven arquitecto va dibujando con lápiz el plano en las paredes blancas y explica los detalles de la obra para que los obreros la ejecuten.
El edificio de siete pisos, que se levantó en medio de las casas y edificios de ladrillo sin pintar — en algunos casos sin concluir—, va tomando forma y color. La obra estará concluida recién en enero del próximo año. En esta, como en otras construcciones que realiza Freddy, en la planta baja habrá una galería comercial (en este caso para la venta de muebles), en la segunda estará el salón de fiestas con su respectivo mezzanine. Poco a poco los tapices de pintura brillante le dan vida a la construcción. En poco tiempo más se instalarán las luces LED y motivos lúdicos andinos, se colocarán candelabros anclados a los símbolos de la mariposa, puertas que se asemejan a los búhos y los pilares serán pintados de color caramelo.
“En lo que más se tarda es en la obra fina, una obra puede durar en su acabado hasta cuatro años”, asegura el joven arquitecto, mientras sus manos van dibujando una figura en uno de los pilares blancos. Allí se formará una figura similar a un aguayo.
“Esto le da vida, con la combinación de colores más quedará hermoso”, dice y se dirige a otro espacio del inmueble para ver lo que será diseñado allí. Freddy no es muy amigo de la computadora, aunque la usa, deja más bien desarrollar su creatividad en la mente. Desde niño fue así, pues de pequeño jugaba con estuco cuando solía acompañar a su padre a las obras donde trabajaba.
Actualmente construye cuatro edificios, todos con las mismas características pero con diseños totalmente diferentes. Todos los días recorre sus obras para verificar el avance, en cada una de ella solo se queda una media hora porque además debe atender otras actividades.
“Aquí será la galería, la estamos haciendo muy atractiva”, dice al explicar que el diseño tiene aspectos particulares al resto de las más de 80 construcciones que hizo en la planicie alteña, donde la mayoría de las calles aún son polvorientas y sin árboles.
El tiempo pasa y a medida que inspecciona la obra, va cubriéndose del polvillo típico en todas las construcciones. Para él, eso es normal y parte de su trabajo. No lleva un overol, ni camisa, corbata ni casco, como los tradicionales arquitectos.
Simple como es, él va vestido de jean, polera y chompa, a lo que llama ropa de trabajo. Toca ir a otra obra, se monta en su auto y empieza a recorrer las calles alteñas. En el trayecto hay varias de sus construcciones mezcladas con otras que son copia de su trabajo.
“Aquella no es mi obra, un albañil que trabajaba conmigo la copió, pero no igual”, comenta. A momentos le molesta que hayan copiado sus diseños pero al mismo tiempo se siente orgulloso porque impuso un estilo y una moda.
EL NACIMIENTO DE LOS “CHOLETS”
Mientras conduce, Freddy cuenta que los “cholets”, palabra que se conforma de la simbiosis entre cholo —como se denomina a la población mestiza, a veces de forma peyorativa— y chalet, nacen después de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada y con la llegada al gobierno de Evo Morales, que es cuando los ricos aimaras se destapan y encuentran la forma ideal de exponer su riqueza.
“Cuando Gonzalo Sánchez de Lozada sale del país—tras la “Guerra del gas” el 2003—y llega Evo Morales a la presidencia (enero de 2006), los aimaras empiezan a mostrarse más abiertamente y a hacer gala de su riqueza y poder económico, antes lo hacían sólo en las festividades folclóricas como el Gran Poder y la Fiesta de la Virgen del Carmen”, dice sonriente.
En ese contexto, coincidentemente aparece Freddy Mamani con un nuevo estilo en las construcciones. Su experimento, un edificio que empezó a construir el 2003 y concluyó el 2005.
Francisco Mamani fue el primero en confiar en él. Don Francisco tenía un terreno de 300 metros ubicado en la avenida Juan Pablo II frente a la Universidad Pública de El Alto (UPEA). Allí, Freddy explayó su creatividad y construyó un edificio de cinco pisos, en cuya planta baja está el salón de fiestas donde su diseño evoca el interior de un reptil, con vigas arqueadas del techo, cual costillas de dragón y enormes molduras circulares color naranja, que podrían ser los ojos de un cocodrilo.
La fachada está pintada con colores fluorescentes y decorados andinos y Tiwanacotas, de su esencia cultural ancestral y de un viaje que hizo a las ruinas incaicas.
El diseño del primer edificio, que para Freddy es el que marca el nuevo estilo, tuvo su origen en otros trabajos de menor envergadura, pues en los trece años de experiencia laboral, el joven arquitecto fue ensayando una serie de formas.
“Si hablo de la evolución, ha sido casi toda mi vida laboral porque empecé haciendo las cornisas, a hacer pequeñas naves y en la pintura, no a gran escala, construí varios locales de fiesta pequeños, inventando un nuevo diseño.
“Para mí, el lanzamiento de esta nueva arquitectura es el edificio que me mandó a construir Don Francisco”, dice orgulloso de lo que hasta ahora logró.
ESTILO ANDINO- TIWANACOTA
Freddy no está de acuerdo con el denominativo que le dan a sus construcciones, pues considera que el término “cholet” no se adecúa a Bolivia porque “cholo” es un término usado en el norte peruano y tampoco cree que los departamentos que él construye en el último piso de sus edificios, sean chalets.
Él prefiere llamar “andino” a su estilo arquitectónico porque asegura que sus edificios están inspirados en las formas geométricas de la cultura Tiwanacota y la policromía de colores en los tejidos del altiplano.
“Si te fijas, por ejemplo, en aquel borde, parece una faja”, dice al mostrar una división entre la pista de baile y el mezzanine del salón de fiestas de Príncipe Alexander del edificio de propiedad de Alejandro Chino, ubicado en la calle Bolivia.
Cuenta que desde niño fue inquieto y creativo y que ello lo motivó a encontrar la forma de darle movimiento a una ciudad quieta como es El Alto.
“Si vemos la ciudad como está, concluiremos en que es deprimente, por ello es que le quise dar vida a mis construcciones utilizando los colores de nuestros tejidos, que son vivos", destaca.
La mayoría de los edificios de Mamani tienen cinco, seis o siete pisos de altura, con fachadas audaces de símbolos andinos, vidrios polarizados y patrones geométricos en relieve.
El estilo impuesto por Mamani Silvestre es cuestionado por muchos arquitectos, quienes argumentan que no se trata de una nueva arquitectura porque las estructuras de las construcciones mantienen un estilo tradicional, pues se las construye en base a hormigón armado, ladrillo, cemento y estuco, entre otros.
“Yo no veo nada innovador en la construcción en sí, lo que existe es un nuevo estilo de acabado en las construcciones”, dice el arquitecto Freddy Bautista.
Acepta que para hablar de una nueva “Arquitectura Andina” se deberían realizar estudios profundos sobre la arquitectura de los aimaras, incas y tiwuanacotas.
“Ninguna de las casas tiene la forma de una monolito o de un castillo de los incas y tampoco sus interiores”, afirma. Como él, hay otros que también cuestionan la definición de la llamada nueva “Arquitectura Andina”.
Para Freddy Mamani es natural que surjan voces discordantes; sin embargo, él señala que es una corriente nueva y que eso deben admitir sus críticos, aunque es consciente que su trabajo tiene mucha decoración de la infraestructura, que es lo que más tiempo lleva y tiene un costo elevado. Ese el “plus” de sus construcciones. Por ello, en El Alto, Mamani es considerado como la versión aimara de Miguel Ángel. Para sus clientes —nuevos ricos de la ciudad — las obras son un símbolo de estatus.
Consultado si podría denominarse a su estilo como arquitectura artística, Mamani Silvestre responde que puede ser, porque él se considera un artista y sus trabajos son un verdadero arte.
“Como es la identidad de nuestro pueblo, estoy buscando un término que sea reconocido a nivel mundial porque esta arquitectura es de exportación”, asegura mientras conduce de una obra a otra en su pequeño auto Toyota.
¿QUIÉNES LOS MANDAN A CONSTRUIR?
Los que mandan a construir estos edificios son en su mayoría gente que forma parte de la burguesía aimara que, al igual que la burguesía blanca, no sólo busca comodidad para vivir, sino incrementar sus recursos económicos.
"Siempre han habido ricos aimaras, que antes de que suba Evo al Gobierno, eran tímidos, pero ahora están orgullosos y dicen: tengo la riqueza, puedo demostrarla al mundo. Yo no tengo nada que ocultar”, comenta Mamani Silvestre.
Además de exponer su poder económico, el surgimiento de los “cholets” es un buen motivo para invertir y generar mayores ganancias. Los primeros dos pisos de la mayoría de estas construcciones están destinados a negocios.
“El principio de mis construcciones es que todas en la planta baja tengan algún tipo de negocio; gran parte cuenta con salones de fiesta, otros con galerías, todo de pende de la ubicación del terreno", dice.
Explica que lo primero que hace para la edificación de un “cholet”, es ver el terreno y su ubicación, porque en función a ello elabora un estudio de factibilidad para la generación de recursos económicos.
“Esto no es un lujo, es una inversión porque los propietarios recuperan su dinero con lo que recaudan en los salones de fiesta, cuyo costo va desde los 6.000 bolivianos hasta los 20.000 bolivianos, dependiendo la actividad”, comenta el artífice de este estilo arquitectónico.
La característica de los cholets es que en la planta baja tienen un espacio comercial que el propietario puede utilizar o alquilar, en el segundo y tercer piso son espacios del salón de baile que se utilizan para bodas, cumpleaños, quince años y prestes.
El cuarto y quinto son habitaciones para alquilar o departamentos para el propietario.
La parte superior del edificio, es una estructura ático - el "chalet" real típicamente con un tejado a dos aguas y grandes ventanales para tomar sol y contar con vistas impresionantes.
UNO DE LOS PROPIETARIOS
Entre los que requieren sus servicios arquitectónicos están comerciantes, transportistas, mineros, personas dedicadas a la gastronomía, que buscan hacer negocio. Uno de ellos es Alejandro Chino, propietario de la sastrería Juventus, ubicada la calle Aguirre de la zona 14 de Septiembre (Garita de Lima), que costura trajes para los morenos de las diferentes fraternidades folklóricas del Gran Poder, embajadores y diferentes personalidades. Él tiene un edificio de cinco pisos.
Confiesa que ofrecer un salón de fiestas de cinco estrellas lo motivó a construir uno, pero en el camino se encontró con Freddy Mamani que le presentó una variedad de opciones y tomó una de ellas.
Los componentes del grupo mexicano Charro Show quedaron impresionados con el salón de fiestas Príncipe Alexander donde llegaron para tocar en la boda de Freddy Cuba, otro potentado aimara que fue preste de la morenada Señor de Mayo del Transporte Pesado.
“No se imaginaban un salón de esta naturaleza”, comenta Chino, para añadir que la construcción de su edificio tardó más de cuatro años.
“El diseño es exclusivo, hecho por Freddy (Mamani Silvestre), pero además hice un pedido especial de lámparas que le dan un toque distinto al local, también se reprodujeron cuadros del pintos Mamani Mamani en varios sectores del salón, tiene cerámica antideslizante y otros detalles singulares. Las gradas también tienen un decorado especial y cuando se trata de matrimonios, colocamos en ellas una alfombra roja”, dice.
El salón cuenta con cámaras de seguridad, generador de energía, habitación de novios con ducha, peinador, freezer con bebidas, televisor, además de mantelería a elección del cliente, venta de bebidas importadas y hasta el servicio de radio taxi garantizado.
“Todo es de primer nivel”, comenta Chino, quien también baila en la morenada Chacaltaya 97 punto 16.
Como se desató el boom, ahora no solo los ricos aimaras quieren tener ese tipo de construcciones, por lo que hay gente que busca a Freddy para que les construya una vivienda de dos plantas y sin negocios.
“Pronto la ciudad será alegre porque habrán construcciones con muchos colores”, señala. El costo de un “Cholet” puede ser desde 10 mil dólares hasta un millón de dólares, dependiendo de las características del terreno, la cantidad de pisos y los ambientes que se requieran.
EL ALTO EXPORTA ARQUITECTURA
Freddy es muy detallista al momento de inspeccionar sus obras.
“Van a tener cuidado con esta pared le falta un poco de revoque”, dice mientras sus manos palpan la pared para ver si quedó bien.
Su estilo llamó la atención del mundo entero, por los reportajes periodísticos y de televisión que le hicieron. Así, fue llevado al Perú para la construcción de un edificio en Juliaca, también construyó una discoteca en Brasilea, Brasil, ahora se apresta a realizar otras obras en Argentina y no descarta llevar su arte a Europa.
“La discoteca de Brasilea no es igual a los salones de fiesta que hay en los edificios, tiene características propias de la región, es decir que tienen en el acabado figuras selváticas, los pilares parecen palmeras. Los mismo sucede con el edificio en Jualiaca, aunque allá es más parecido a lo que tenemos aquí”, comenta.
Para Freddy, agosto será un mes muy agitado porque estará primero en Las Vegas en el encuentro Mundial de Arquitectos donde expondrá su estilo de arquitectura andina, luego se va a la Argentina a la Universidad de Avellaneda y posteriormente se dirigirá a Lima, para exponer su trabajo en una universidad.
Su agenda también contempla viajes a Europa, donde ya tiene interesados para la construcción de algunos edificios.
“Estoy feliz, no por mí, sino por el país y principalmente por El Alto, porque es un referente de la construcción”, dice.
UN HOMBRE SENCILLO PERO AMBICIOSO
Freddy es un hombre de 48 años, está casado con Mary Mamani y es padre de Freddy (8), Mary Luz (6), José Alejandro (4) y Jorge (1).
Empezó a los siete años en la construcción cuando llegó a La Paz acompañando a su padre, Jorge Mamani, quien tras salir bachiller en la población Potosina de Catavi, llegó a la sede de Gobierno para buscar mejores días para él y su familia.
“Mi padre comenzó a trabajar en la construcción y los fines de semana nos llevaba a la zona sur para que lo acompañemos en las obras, yo aprovechaba para jugar con el estuco”, cuenta.
Como su padre no se sentía muy hábil en este rubro, ingresó a la Normal de Caracollo para graduarse luego como profesor y trabajar en el área rural, lo que hizo que descuidara a su familia a la que visitaba únicamente los fines de semana y durante las vacaciones. El año pasado se jubiló.
Freddy, asumió la responsabilidad de su padre de cuidar a sus hermanos. Al salir Bachiller, ingresó a la Universidad Mayor de San Andrés a estudiar la carrera de técnico en construcción civil. Paralelamente trabajaba como ayudante y luego como contratista. Con el tiempo y al desarrollar más pasión por la construcción, estudió Ingeniería Civil y finalmente Arquitectura en la Universidad Boliviana de Informática de la ciudad de El Alto.
Su vida es la construcción y el tiempo libre que tiene lo dedica a su familia, que se siente muy orgullosa de él.
Olor a estuco y pintura invaden el ambiente de un nuevo edificio que fue construido en medio del centro comercial de El Alto. La zona 16 de Julio, donde se realiza la feria más importante de la ciudad de 4.000 Metros de Altura, cobija a un nuevo “Cholet”. “Hay que poner más de naranja”, dice Freddy Mamani Silvestre —el arquitecto que “revolucionó” la arquitectura alteña—, mientras uno de los pintores abre las latas de pintura de diferentes colores para realizar las mezclas (combinación de colores para encontrar un tono diferente y llamativo).
“Vas a pasar varias manos, tiene que quedar finito”, instruye Freddy a otro de los obreros que está pintando uno de los techos, mientras él remueve los baldes de pintura que combinó para las diferentes partes de la estructura. La música “chicha” (cumbia peruana), se confunde con los martillazos y el sonido estridente de los taladros que le van dando forma a muchas de las figuras que están diseñadas en las paredes blancas.
La estructura del nuevo edificio está acabada (obra gruesa), pero hay que darle la forma (obra fina); el joven arquitecto va dibujando con lápiz el plano en las paredes blancas y explica los detalles de la obra para que los obreros la ejecuten.
El edificio de siete pisos, que se levantó en medio de las casas y edificios de ladrillo sin pintar — en algunos casos sin concluir—, va tomando forma y color. La obra estará concluida recién en enero del próximo año. En esta, como en otras construcciones que realiza Freddy, en la planta baja habrá una galería comercial (en este caso para la venta de muebles), en la segunda estará el salón de fiestas con su respectivo mezzanine. Poco a poco los tapices de pintura brillante le dan vida a la construcción. En poco tiempo más se instalarán las luces LED y motivos lúdicos andinos, se colocarán candelabros anclados a los símbolos de la mariposa, puertas que se asemejan a los búhos y los pilares serán pintados de color caramelo.
“En lo que más se tarda es en la obra fina, una obra puede durar en su acabado hasta cuatro años”, asegura el joven arquitecto, mientras sus manos van dibujando una figura en uno de los pilares blancos. Allí se formará una figura similar a un aguayo.
“Esto le da vida, con la combinación de colores más quedará hermoso”, dice y se dirige a otro espacio del inmueble para ver lo que será diseñado allí. Freddy no es muy amigo de la computadora, aunque la usa, deja más bien desarrollar su creatividad en la mente. Desde niño fue así, pues de pequeño jugaba con estuco cuando solía acompañar a su padre a las obras donde trabajaba.
Actualmente construye cuatro edificios, todos con las mismas características pero con diseños totalmente diferentes. Todos los días recorre sus obras para verificar el avance, en cada una de ella solo se queda una media hora porque además debe atender otras actividades.
“Aquí será la galería, la estamos haciendo muy atractiva”, dice al explicar que el diseño tiene aspectos particulares al resto de las más de 80 construcciones que hizo en la planicie alteña, donde la mayoría de las calles aún son polvorientas y sin árboles.
El tiempo pasa y a medida que inspecciona la obra, va cubriéndose del polvillo típico en todas las construcciones. Para él, eso es normal y parte de su trabajo. No lleva un overol, ni camisa, corbata ni casco, como los tradicionales arquitectos.
Simple como es, él va vestido de jean, polera y chompa, a lo que llama ropa de trabajo. Toca ir a otra obra, se monta en su auto y empieza a recorrer las calles alteñas. En el trayecto hay varias de sus construcciones mezcladas con otras que son copia de su trabajo.
“Aquella no es mi obra, un albañil que trabajaba conmigo la copió, pero no igual”, comenta. A momentos le molesta que hayan copiado sus diseños pero al mismo tiempo se siente orgulloso porque impuso un estilo y una moda.
EL NACIMIENTO DE LOS “CHOLETS”
Mientras conduce, Freddy cuenta que los “cholets”, palabra que se conforma de la simbiosis entre cholo —como se denomina a la población mestiza, a veces de forma peyorativa— y chalet, nacen después de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada y con la llegada al gobierno de Evo Morales, que es cuando los ricos aimaras se destapan y encuentran la forma ideal de exponer su riqueza.
“Cuando Gonzalo Sánchez de Lozada sale del país—tras la “Guerra del gas” el 2003—y llega Evo Morales a la presidencia (enero de 2006), los aimaras empiezan a mostrarse más abiertamente y a hacer gala de su riqueza y poder económico, antes lo hacían sólo en las festividades folclóricas como el Gran Poder y la Fiesta de la Virgen del Carmen”, dice sonriente.
En ese contexto, coincidentemente aparece Freddy Mamani con un nuevo estilo en las construcciones. Su experimento, un edificio que empezó a construir el 2003 y concluyó el 2005.
Francisco Mamani fue el primero en confiar en él. Don Francisco tenía un terreno de 300 metros ubicado en la avenida Juan Pablo II frente a la Universidad Pública de El Alto (UPEA). Allí, Freddy explayó su creatividad y construyó un edificio de cinco pisos, en cuya planta baja está el salón de fiestas donde su diseño evoca el interior de un reptil, con vigas arqueadas del techo, cual costillas de dragón y enormes molduras circulares color naranja, que podrían ser los ojos de un cocodrilo.
La fachada está pintada con colores fluorescentes y decorados andinos y Tiwanacotas, de su esencia cultural ancestral y de un viaje que hizo a las ruinas incaicas.
El diseño del primer edificio, que para Freddy es el que marca el nuevo estilo, tuvo su origen en otros trabajos de menor envergadura, pues en los trece años de experiencia laboral, el joven arquitecto fue ensayando una serie de formas.
“Si hablo de la evolución, ha sido casi toda mi vida laboral porque empecé haciendo las cornisas, a hacer pequeñas naves y en la pintura, no a gran escala, construí varios locales de fiesta pequeños, inventando un nuevo diseño.
“Para mí, el lanzamiento de esta nueva arquitectura es el edificio que me mandó a construir Don Francisco”, dice orgulloso de lo que hasta ahora logró.
ESTILO ANDINO- TIWANACOTA
Freddy no está de acuerdo con el denominativo que le dan a sus construcciones, pues considera que el término “cholet” no se adecúa a Bolivia porque “cholo” es un término usado en el norte peruano y tampoco cree que los departamentos que él construye en el último piso de sus edificios, sean chalets.
Él prefiere llamar “andino” a su estilo arquitectónico porque asegura que sus edificios están inspirados en las formas geométricas de la cultura Tiwanacota y la policromía de colores en los tejidos del altiplano.
“Si te fijas, por ejemplo, en aquel borde, parece una faja”, dice al mostrar una división entre la pista de baile y el mezzanine del salón de fiestas de Príncipe Alexander del edificio de propiedad de Alejandro Chino, ubicado en la calle Bolivia.
Cuenta que desde niño fue inquieto y creativo y que ello lo motivó a encontrar la forma de darle movimiento a una ciudad quieta como es El Alto.
“Si vemos la ciudad como está, concluiremos en que es deprimente, por ello es que le quise dar vida a mis construcciones utilizando los colores de nuestros tejidos, que son vivos", destaca.
La mayoría de los edificios de Mamani tienen cinco, seis o siete pisos de altura, con fachadas audaces de símbolos andinos, vidrios polarizados y patrones geométricos en relieve.
El estilo impuesto por Mamani Silvestre es cuestionado por muchos arquitectos, quienes argumentan que no se trata de una nueva arquitectura porque las estructuras de las construcciones mantienen un estilo tradicional, pues se las construye en base a hormigón armado, ladrillo, cemento y estuco, entre otros.
“Yo no veo nada innovador en la construcción en sí, lo que existe es un nuevo estilo de acabado en las construcciones”, dice el arquitecto Freddy Bautista.
Acepta que para hablar de una nueva “Arquitectura Andina” se deberían realizar estudios profundos sobre la arquitectura de los aimaras, incas y tiwuanacotas.
“Ninguna de las casas tiene la forma de una monolito o de un castillo de los incas y tampoco sus interiores”, afirma. Como él, hay otros que también cuestionan la definición de la llamada nueva “Arquitectura Andina”.
Para Freddy Mamani es natural que surjan voces discordantes; sin embargo, él señala que es una corriente nueva y que eso deben admitir sus críticos, aunque es consciente que su trabajo tiene mucha decoración de la infraestructura, que es lo que más tiempo lleva y tiene un costo elevado. Ese el “plus” de sus construcciones. Por ello, en El Alto, Mamani es considerado como la versión aimara de Miguel Ángel. Para sus clientes —nuevos ricos de la ciudad — las obras son un símbolo de estatus.
Consultado si podría denominarse a su estilo como arquitectura artística, Mamani Silvestre responde que puede ser, porque él se considera un artista y sus trabajos son un verdadero arte.
“Como es la identidad de nuestro pueblo, estoy buscando un término que sea reconocido a nivel mundial porque esta arquitectura es de exportación”, asegura mientras conduce de una obra a otra en su pequeño auto Toyota.
¿QUIÉNES LOS MANDAN A CONSTRUIR?
Los que mandan a construir estos edificios son en su mayoría gente que forma parte de la burguesía aimara que, al igual que la burguesía blanca, no sólo busca comodidad para vivir, sino incrementar sus recursos económicos.
"Siempre han habido ricos aimaras, que antes de que suba Evo al Gobierno, eran tímidos, pero ahora están orgullosos y dicen: tengo la riqueza, puedo demostrarla al mundo. Yo no tengo nada que ocultar”, comenta Mamani Silvestre.
Además de exponer su poder económico, el surgimiento de los “cholets” es un buen motivo para invertir y generar mayores ganancias. Los primeros dos pisos de la mayoría de estas construcciones están destinados a negocios.
“El principio de mis construcciones es que todas en la planta baja tengan algún tipo de negocio; gran parte cuenta con salones de fiesta, otros con galerías, todo de pende de la ubicación del terreno", dice.
Explica que lo primero que hace para la edificación de un “cholet”, es ver el terreno y su ubicación, porque en función a ello elabora un estudio de factibilidad para la generación de recursos económicos.
“Esto no es un lujo, es una inversión porque los propietarios recuperan su dinero con lo que recaudan en los salones de fiesta, cuyo costo va desde los 6.000 bolivianos hasta los 20.000 bolivianos, dependiendo la actividad”, comenta el artífice de este estilo arquitectónico.
La característica de los cholets es que en la planta baja tienen un espacio comercial que el propietario puede utilizar o alquilar, en el segundo y tercer piso son espacios del salón de baile que se utilizan para bodas, cumpleaños, quince años y prestes.
El cuarto y quinto son habitaciones para alquilar o departamentos para el propietario.
La parte superior del edificio, es una estructura ático - el "chalet" real típicamente con un tejado a dos aguas y grandes ventanales para tomar sol y contar con vistas impresionantes.
UNO DE LOS PROPIETARIOS
Entre los que requieren sus servicios arquitectónicos están comerciantes, transportistas, mineros, personas dedicadas a la gastronomía, que buscan hacer negocio. Uno de ellos es Alejandro Chino, propietario de la sastrería Juventus, ubicada la calle Aguirre de la zona 14 de Septiembre (Garita de Lima), que costura trajes para los morenos de las diferentes fraternidades folklóricas del Gran Poder, embajadores y diferentes personalidades. Él tiene un edificio de cinco pisos.
Confiesa que ofrecer un salón de fiestas de cinco estrellas lo motivó a construir uno, pero en el camino se encontró con Freddy Mamani que le presentó una variedad de opciones y tomó una de ellas.
Los componentes del grupo mexicano Charro Show quedaron impresionados con el salón de fiestas Príncipe Alexander donde llegaron para tocar en la boda de Freddy Cuba, otro potentado aimara que fue preste de la morenada Señor de Mayo del Transporte Pesado.
“No se imaginaban un salón de esta naturaleza”, comenta Chino, para añadir que la construcción de su edificio tardó más de cuatro años.
“El diseño es exclusivo, hecho por Freddy (Mamani Silvestre), pero además hice un pedido especial de lámparas que le dan un toque distinto al local, también se reprodujeron cuadros del pintos Mamani Mamani en varios sectores del salón, tiene cerámica antideslizante y otros detalles singulares. Las gradas también tienen un decorado especial y cuando se trata de matrimonios, colocamos en ellas una alfombra roja”, dice.
El salón cuenta con cámaras de seguridad, generador de energía, habitación de novios con ducha, peinador, freezer con bebidas, televisor, además de mantelería a elección del cliente, venta de bebidas importadas y hasta el servicio de radio taxi garantizado.
“Todo es de primer nivel”, comenta Chino, quien también baila en la morenada Chacaltaya 97 punto 16.
Como se desató el boom, ahora no solo los ricos aimaras quieren tener ese tipo de construcciones, por lo que hay gente que busca a Freddy para que les construya una vivienda de dos plantas y sin negocios.
“Pronto la ciudad será alegre porque habrán construcciones con muchos colores”, señala. El costo de un “Cholet” puede ser desde 10 mil dólares hasta un millón de dólares, dependiendo de las características del terreno, la cantidad de pisos y los ambientes que se requieran.
EL ALTO EXPORTA ARQUITECTURA
Freddy es muy detallista al momento de inspeccionar sus obras.
“Van a tener cuidado con esta pared le falta un poco de revoque”, dice mientras sus manos palpan la pared para ver si quedó bien.
Su estilo llamó la atención del mundo entero, por los reportajes periodísticos y de televisión que le hicieron. Así, fue llevado al Perú para la construcción de un edificio en Juliaca, también construyó una discoteca en Brasilea, Brasil, ahora se apresta a realizar otras obras en Argentina y no descarta llevar su arte a Europa.
“La discoteca de Brasilea no es igual a los salones de fiesta que hay en los edificios, tiene características propias de la región, es decir que tienen en el acabado figuras selváticas, los pilares parecen palmeras. Los mismo sucede con el edificio en Jualiaca, aunque allá es más parecido a lo que tenemos aquí”, comenta.
Para Freddy, agosto será un mes muy agitado porque estará primero en Las Vegas en el encuentro Mundial de Arquitectos donde expondrá su estilo de arquitectura andina, luego se va a la Argentina a la Universidad de Avellaneda y posteriormente se dirigirá a Lima, para exponer su trabajo en una universidad.
Su agenda también contempla viajes a Europa, donde ya tiene interesados para la construcción de algunos edificios.
“Estoy feliz, no por mí, sino por el país y principalmente por El Alto, porque es un referente de la construcción”, dice.
UN HOMBRE SENCILLO PERO AMBICIOSO
Freddy es un hombre de 48 años, está casado con Mary Mamani y es padre de Freddy (8), Mary Luz (6), José Alejandro (4) y Jorge (1).
Empezó a los siete años en la construcción cuando llegó a La Paz acompañando a su padre, Jorge Mamani, quien tras salir bachiller en la población Potosina de Catavi, llegó a la sede de Gobierno para buscar mejores días para él y su familia.
“Mi padre comenzó a trabajar en la construcción y los fines de semana nos llevaba a la zona sur para que lo acompañemos en las obras, yo aprovechaba para jugar con el estuco”, cuenta.
Como su padre no se sentía muy hábil en este rubro, ingresó a la Normal de Caracollo para graduarse luego como profesor y trabajar en el área rural, lo que hizo que descuidara a su familia a la que visitaba únicamente los fines de semana y durante las vacaciones. El año pasado se jubiló.
Freddy, asumió la responsabilidad de su padre de cuidar a sus hermanos. Al salir Bachiller, ingresó a la Universidad Mayor de San Andrés a estudiar la carrera de técnico en construcción civil. Paralelamente trabajaba como ayudante y luego como contratista. Con el tiempo y al desarrollar más pasión por la construcción, estudió Ingeniería Civil y finalmente Arquitectura en la Universidad Boliviana de Informática de la ciudad de El Alto.
Su vida es la construcción y el tiempo libre que tiene lo dedica a su familia, que se siente muy orgullosa de él.
domingo, 31 de mayo de 2015
Freddy Mamani, el rey de los cholets
En
medio de los martillazos y del sonido estridente de los taladros, y
cubierto del polvillo típico que está presente en todas las
construcciones, Freddy Mamani Silvestre da algunas indicaciones a sus
obreros que construyen un edificio de siete pisos y que abajo, como la
mayoría de los que construye, serán locales comerciales para alquilar.
Una pared blanca sirve para dibujar el plano. Allí les explica los detalles de la obra. “Ellos conocen los dibujos, porque siempre he trabajado con las mismas personas”, cuenta el arquitecto.
El Alto es su territorio. Allí, mientras uno recorre las avenidas, va adivinando cuál es el edificio que ha sido construido por Freddy. Son vistosos, coloridos y con formas geométricas que rompen el paisaje agreste que los turistas acostumbran ver cuando bajan desde el aeropuerto de El Alto hasta La Paz.
Si bien no es el creador del estilo en sí, Freddy es el mayor exponente de esta tendencia arquitectónica que comercialmente y a escala mundial, ha sido denominado como cholets.
Desde hace más de 20 años, la ciudad más joven de Bolivia es el espacio donde esta arquitectura emergente, como la llaman los estudiosos del área, ha roto la monotonía de las construcciones típicas que habían en el lugar. Incluso, esta tendencia ha traspasado fronteras internas y externas, pues se sabe que en Santa Cruz ya se han construido este tipo de obras.
Pero Freddy prefiere llamarlo como un estilo arquitectónico andino. “Como es la identidad de nuestro pueblo, estoy buscando un término que sea reconocido a nivel mundial porque esta arquitectura es for export”, explica mientras conduce de una obra a otra en su camioneta de una cabina Toyota Stout del año 93.
“No tengo casi tiempo, ahora estoy construyendo 15 obras. Hay días que ni siquiera almuerzo”, relata.
¿Y a qué se refiere cuando habla de identidad en sus obras? El arquitecto, que comenzó como albañil, señala que él tiene dos inspiraciones: las formas geométricas de la cultura tiwanacota y la policromía de colores en los tejidos del altiplano.
No siempre tuvo el éxito que hoy tiene y aunque los clientes digan que lo han buscado más que todo “porque está de moda”, la experiencia de este constructor se remontan a Catavi, el pueblo que lo vio nacer.
Freddy y sus hermanos jugaban con barro construyendo imaginariamente barrios y ciudadelas.
Una pared blanca sirve para dibujar el plano. Allí les explica los detalles de la obra. “Ellos conocen los dibujos, porque siempre he trabajado con las mismas personas”, cuenta el arquitecto.
El Alto es su territorio. Allí, mientras uno recorre las avenidas, va adivinando cuál es el edificio que ha sido construido por Freddy. Son vistosos, coloridos y con formas geométricas que rompen el paisaje agreste que los turistas acostumbran ver cuando bajan desde el aeropuerto de El Alto hasta La Paz.
Si bien no es el creador del estilo en sí, Freddy es el mayor exponente de esta tendencia arquitectónica que comercialmente y a escala mundial, ha sido denominado como cholets.
Desde hace más de 20 años, la ciudad más joven de Bolivia es el espacio donde esta arquitectura emergente, como la llaman los estudiosos del área, ha roto la monotonía de las construcciones típicas que habían en el lugar. Incluso, esta tendencia ha traspasado fronteras internas y externas, pues se sabe que en Santa Cruz ya se han construido este tipo de obras.
Pero Freddy prefiere llamarlo como un estilo arquitectónico andino. “Como es la identidad de nuestro pueblo, estoy buscando un término que sea reconocido a nivel mundial porque esta arquitectura es for export”, explica mientras conduce de una obra a otra en su camioneta de una cabina Toyota Stout del año 93.
“No tengo casi tiempo, ahora estoy construyendo 15 obras. Hay días que ni siquiera almuerzo”, relata.
¿Y a qué se refiere cuando habla de identidad en sus obras? El arquitecto, que comenzó como albañil, señala que él tiene dos inspiraciones: las formas geométricas de la cultura tiwanacota y la policromía de colores en los tejidos del altiplano.
No siempre tuvo el éxito que hoy tiene y aunque los clientes digan que lo han buscado más que todo “porque está de moda”, la experiencia de este constructor se remontan a Catavi, el pueblo que lo vio nacer.
Freddy y sus hermanos jugaban con barro construyendo imaginariamente barrios y ciudadelas.
La entrada del Gran Poder es un ingreso seguro
para los propietarios de estas construcciones, que cuentan con salón de
eventos. Allí solo el alquiler del espacio ronda los Bs 7.000, a parte
cobran el descorche y la comida que los invitados se puedan servir.
En busca de mejores días
Cuando Jorge Mamani, el padre de Freddy salió bachiller de Catavi, decidió emprender viaje a La Paz para buscar mejor sustento económico y poder mantener a sus seis hijos.
A los seis años, Freddy conoció otra forma de vida. Dejó atrás lo que hasta ese momento era su mundo. El campo donde sus padres criaban ganado y se dedicaban a la agricultura.
“Mi padre comenzó a trabajar en la construcción y los fines de semana nos llevaba a la zona sur para que lo acompañemos en las obras”, cuenta.
Como su padre no se sentía muy habilidoso en este rubro, ingresó a la Normal de Caracollo para graduarse luego como profesor y trabajar en el área rural.
“Nos abandonó por varios años, solo venía cada dos o tres meses a controlarnos y ver cómo estábamos” relata.
Freddy toma el rol de padre y decide que quiere ser alguien en la vida. Al graduarse ingresó a la Universidad Mayor de San Andrés a estudiar la carrera de técnico en construcción civil mientras trabajaba como contratista. Luego, estudió Ingeniería Civil y finalmente Arquitectura en la Universidad Boliviana de Informática.
“Una vez que me titulé emprendí a revolucionar la nueva tendencia arquitectónica”, dice.
Trece años de experienciaPara llegar a ser el referente de los cholets, Freddy atravesó por un largo proceso. “Si hablo de la evolución ha sido casi toda mi vida laboral, porque empecé haciendo las cornisas, a hacer pequeñas naves y en la pintura, no a gran escala”, aclara.
Su primera obra en este estilo, la comienza en 2003 y la finaliza en 2005. Éstá ubicada en la avenida Juan Pablo II frente a la Universidad Pública de El Alto.
Explica que utiliza, como se menciona anteriormente, el estilo tiwanacota, el arquitecto e investigador Randolph Cárdenas critica que el símbolo de la cruz andina es tal vez la única forma representativa de esta cultura plasmada en estas obras.
En cuanto a los colores, Freddy aclara que en un tejido de aguayo siempre hay uno sobresaliente que lo llaman pampa, puede ser un verde o rojo, y luego lo acompañan los colores en degradé que tienen la misma tonalidad de estos tonos.
Su nombre empezó a sonar entre los comerciantes, mineros y transportistas, quienes son, en su gran mayoría, los clientes que acuden a Freddy a pedir que construya sus viviendas.
Una de las características es que siempre, en la planta baja, hay un centro comercial o un salón de eventos. “Ellos buscan que el mismo edificio devuelva lo que han invertido”, señala.
Cárdenas es un poco más analítico. “Constituyen unidades de producción de renta, pues la planta baja se da para alquilar; arriba se construyen departamentos para los hijos y en el último piso se hace una vivienda que rompe con el estilo del edificio”, añade el investigador.
El costo de este tipo de construcción ronda entre los $us 250.000 a $us 600.00, comparada con una vivienda normal que asciende hasta los $us 200.000.
En busca de mejores días
Cuando Jorge Mamani, el padre de Freddy salió bachiller de Catavi, decidió emprender viaje a La Paz para buscar mejor sustento económico y poder mantener a sus seis hijos.
A los seis años, Freddy conoció otra forma de vida. Dejó atrás lo que hasta ese momento era su mundo. El campo donde sus padres criaban ganado y se dedicaban a la agricultura.
“Mi padre comenzó a trabajar en la construcción y los fines de semana nos llevaba a la zona sur para que lo acompañemos en las obras”, cuenta.
Como su padre no se sentía muy habilidoso en este rubro, ingresó a la Normal de Caracollo para graduarse luego como profesor y trabajar en el área rural.
“Nos abandonó por varios años, solo venía cada dos o tres meses a controlarnos y ver cómo estábamos” relata.
Freddy toma el rol de padre y decide que quiere ser alguien en la vida. Al graduarse ingresó a la Universidad Mayor de San Andrés a estudiar la carrera de técnico en construcción civil mientras trabajaba como contratista. Luego, estudió Ingeniería Civil y finalmente Arquitectura en la Universidad Boliviana de Informática.
“Una vez que me titulé emprendí a revolucionar la nueva tendencia arquitectónica”, dice.
Trece años de experienciaPara llegar a ser el referente de los cholets, Freddy atravesó por un largo proceso. “Si hablo de la evolución ha sido casi toda mi vida laboral, porque empecé haciendo las cornisas, a hacer pequeñas naves y en la pintura, no a gran escala”, aclara.
Su primera obra en este estilo, la comienza en 2003 y la finaliza en 2005. Éstá ubicada en la avenida Juan Pablo II frente a la Universidad Pública de El Alto.
Explica que utiliza, como se menciona anteriormente, el estilo tiwanacota, el arquitecto e investigador Randolph Cárdenas critica que el símbolo de la cruz andina es tal vez la única forma representativa de esta cultura plasmada en estas obras.
En cuanto a los colores, Freddy aclara que en un tejido de aguayo siempre hay uno sobresaliente que lo llaman pampa, puede ser un verde o rojo, y luego lo acompañan los colores en degradé que tienen la misma tonalidad de estos tonos.
Su nombre empezó a sonar entre los comerciantes, mineros y transportistas, quienes son, en su gran mayoría, los clientes que acuden a Freddy a pedir que construya sus viviendas.
Una de las características es que siempre, en la planta baja, hay un centro comercial o un salón de eventos. “Ellos buscan que el mismo edificio devuelva lo que han invertido”, señala.
Cárdenas es un poco más analítico. “Constituyen unidades de producción de renta, pues la planta baja se da para alquilar; arriba se construyen departamentos para los hijos y en el último piso se hace una vivienda que rompe con el estilo del edificio”, añade el investigador.
El costo de este tipo de construcción ronda entre los $us 250.000 a $us 600.00, comparada con una vivienda normal que asciende hasta los $us 200.000.
Su
familia es el empuje para continuar con su trabajo, a pesar que el
tiempo que les da es muy poco. Su casa tiene algo de lo que él construye
para otros, al menos en la parte interna, en donde se visualiza los
colores de los tejidos que Freddy habla.
Los críticos del estilo
En su momento muchos criticaron este estilo al no ser considerado como tendencia arquitectónica, sino “como un mal gusto cholo o puro estilo decorativo”, según reseña el libro La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre, de las autoras Elisabetta Andreoli y Ligia D’Andrea.
Freddy lo corrobora y recuerda que tiempo atrás recibía burlas por las edificaciones que construía pero todo cambió cuando los medios de comunicación internacionales se hicieron eco de sus obras, hoy ya nadie habla de manera despectiva de su trabajo.
“Ahora que se han publicado en grandes medios como The Washington Post, CNN, BBC, Univisión, Telesur, Reuter, Al-yazira, ha sido impresionante. Es algo trascendental en El Alto, además, es también un potencial turístico”, cuenta sorprendido.
Ante este interés de sus obras, Freddy ha tenido solicitudes para construir incluso en otros países, es así que ya cruzó la frontera brasileña para proyectar obras en Brasilea. “Me buscaron para hacer discotecas”, cuenta.
También lo han llamado para ir a México y Estados Unidos en noviembre, pero no quiere apresurarse porque considera que todo es un proceso, que prefiere ir con calma. “Me acomodo al lugar. Si me piden que construya en Santa Cruz, puedo inspirarme en la cultura de allá para plasmarla en mis obras”, añade.
Freddy, la personaFreddy está casado con Mary Mamani y es padre de Freddy (8), Mary Luz (6), José Alejandro (3) y Jorge (8 meses).
En el poco tiempo libre que tiene, le gusta estar con su familia, que durante la semana casi no puede ver. No es de salir a fiestas ni de practicar algún deporte, pero le agrada viajar al campo cada que puede.
“Con mis trabajadores cada 1 de mayo nos vamos al campo a festejarnos”, relata.
Considera que la hora de trabajo de Freddy Mamani no tiene costo. Si bien nunca se ha puesto a pensar en este asunto, añora con que hayan “unos 12 Freddy Mamani más para que hagan mis actividades” (risas). Y es que mientras transcurre la entrevista, él se dirige a tres obras para ver cómo van los avances.
Obras de inspiraciónLas edificaciones de Freddy estuvieron en la coyuntura local de los medios en los últimos días.
El portal elaltoprint ofrece fotografías de cholets realizadas por el fotógrafo Nick Ballón e imágenes de estos edificios en miniatura obtenidas en la feria de la Alasita que fueron capturadas por Jonathan Minster.
“El proyecto denominado El Alto es una combinación de fotografías arquitectónicas de una Bolivia emergente realizadas por el fotógrafo Nick Ballón, así como imágenes fijas de las versiones en miniatura del fotógrafo Jonathan Minster”, se lee en la página web.
Por otra parte, el compositor chileno Daniel Alejandro Riveros, más conocido como ‘Gepe’, estrenó en abril pasado el videoclip Hambre, que fue filmado en el salón de eventos Príncipe Alexander, uno de los cholets más conocidos de la ciudad.
Y es que los salones, con su extravagante decoración, atraen a los visitantes, muchos de ellos invitados por las grandes festividades que se desarrollan allí.
Alejandro Chino, propietario del salón Príncipe Alexander, cuenta que el espacio es alquilado para matrimonios, bautizos, cumpleaños y, sobre todo, cuando se realiza la entrada folclórica del Gran Poder, que este año se realizó ayer.
Una lámpara de cristal que cuelga en medio de este salón tuvo un costo aproximado de $us 4.000 y las más pequeñas rondan los $us 1.000. Cada milímetro de pared está pintada con colores vivos que al encender la luz, muestra la majestuosidad del lugar.
Ahí es que el propietario tiene el mando de decidir cómo se construirá y qué elementos decorativos tendrá su obra, explica Cárdenas, pues considera que más que un estilo andino, lo que prima a la hora de la verdad, es el gusto de cada cliente.
Para el investigador, los principales clientes de este estilo son los comerciantes, folcloristas, transportistas y mineros que tienen su residencia en El Alto.
Mantendrá el estiloFreddy seguirá con el mismo estilo. “Tengo bastantes sueños y proyectos que todavía no los estoy plasmando, llevan más costo, más tiempo y son obras más complejas. No lo voy a publicar mientras no lo vaya realizando”, añade el arquitecto.
Sabe que la competencia es dura, porque muchos de sus trabajadores, con el paso de los años, fueron independizándose, pero cree que el mejor marketing son sus clientes satisfechos.
A diferencia del centro de la ciudad, la planicie de El Alto se ve adornada con las obras de Freddy. Si bien, existen algunas que no son de su autoría en la tradicional calle Uyustus de La Paz, Freddy asegura que su propósito ahora es embellecer a la ciudad que lo cobijó cuando llegó del campo.
De niño veía que la ciudad era color tierra, ocre, las edificaciones de adobe; para Freddy era muy triste. Después cambió a la época del ladrillo y “ahora El Alto se está pintando”.
Esta tendencia es “como mi guagua”, dice Freddy, que se empeña en que el estilo no se conosca como cholets.
“Quisiera que vean el trabajo que se realiza aquí, distinto a lo que estamos acostumbrados a hacer. Que afuera se hable de la arquitectura andina de Bolivia, bajo ese término”.
Los estudiosos aseguran que cholets hay para rato, que mientras exista el deseo de los clientes de superar al vecino en la belleza de su casa, Freddy seguirá teniendo trabajo
En su momento muchos criticaron este estilo al no ser considerado como tendencia arquitectónica, sino “como un mal gusto cholo o puro estilo decorativo”, según reseña el libro La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre, de las autoras Elisabetta Andreoli y Ligia D’Andrea.
Freddy lo corrobora y recuerda que tiempo atrás recibía burlas por las edificaciones que construía pero todo cambió cuando los medios de comunicación internacionales se hicieron eco de sus obras, hoy ya nadie habla de manera despectiva de su trabajo.
“Ahora que se han publicado en grandes medios como The Washington Post, CNN, BBC, Univisión, Telesur, Reuter, Al-yazira, ha sido impresionante. Es algo trascendental en El Alto, además, es también un potencial turístico”, cuenta sorprendido.
Ante este interés de sus obras, Freddy ha tenido solicitudes para construir incluso en otros países, es así que ya cruzó la frontera brasileña para proyectar obras en Brasilea. “Me buscaron para hacer discotecas”, cuenta.
También lo han llamado para ir a México y Estados Unidos en noviembre, pero no quiere apresurarse porque considera que todo es un proceso, que prefiere ir con calma. “Me acomodo al lugar. Si me piden que construya en Santa Cruz, puedo inspirarme en la cultura de allá para plasmarla en mis obras”, añade.
Freddy, la personaFreddy está casado con Mary Mamani y es padre de Freddy (8), Mary Luz (6), José Alejandro (3) y Jorge (8 meses).
En el poco tiempo libre que tiene, le gusta estar con su familia, que durante la semana casi no puede ver. No es de salir a fiestas ni de practicar algún deporte, pero le agrada viajar al campo cada que puede.
“Con mis trabajadores cada 1 de mayo nos vamos al campo a festejarnos”, relata.
Considera que la hora de trabajo de Freddy Mamani no tiene costo. Si bien nunca se ha puesto a pensar en este asunto, añora con que hayan “unos 12 Freddy Mamani más para que hagan mis actividades” (risas). Y es que mientras transcurre la entrevista, él se dirige a tres obras para ver cómo van los avances.
Obras de inspiraciónLas edificaciones de Freddy estuvieron en la coyuntura local de los medios en los últimos días.
El portal elaltoprint ofrece fotografías de cholets realizadas por el fotógrafo Nick Ballón e imágenes de estos edificios en miniatura obtenidas en la feria de la Alasita que fueron capturadas por Jonathan Minster.
“El proyecto denominado El Alto es una combinación de fotografías arquitectónicas de una Bolivia emergente realizadas por el fotógrafo Nick Ballón, así como imágenes fijas de las versiones en miniatura del fotógrafo Jonathan Minster”, se lee en la página web.
Por otra parte, el compositor chileno Daniel Alejandro Riveros, más conocido como ‘Gepe’, estrenó en abril pasado el videoclip Hambre, que fue filmado en el salón de eventos Príncipe Alexander, uno de los cholets más conocidos de la ciudad.
Y es que los salones, con su extravagante decoración, atraen a los visitantes, muchos de ellos invitados por las grandes festividades que se desarrollan allí.
Alejandro Chino, propietario del salón Príncipe Alexander, cuenta que el espacio es alquilado para matrimonios, bautizos, cumpleaños y, sobre todo, cuando se realiza la entrada folclórica del Gran Poder, que este año se realizó ayer.
Una lámpara de cristal que cuelga en medio de este salón tuvo un costo aproximado de $us 4.000 y las más pequeñas rondan los $us 1.000. Cada milímetro de pared está pintada con colores vivos que al encender la luz, muestra la majestuosidad del lugar.
Ahí es que el propietario tiene el mando de decidir cómo se construirá y qué elementos decorativos tendrá su obra, explica Cárdenas, pues considera que más que un estilo andino, lo que prima a la hora de la verdad, es el gusto de cada cliente.
Para el investigador, los principales clientes de este estilo son los comerciantes, folcloristas, transportistas y mineros que tienen su residencia en El Alto.
Mantendrá el estiloFreddy seguirá con el mismo estilo. “Tengo bastantes sueños y proyectos que todavía no los estoy plasmando, llevan más costo, más tiempo y son obras más complejas. No lo voy a publicar mientras no lo vaya realizando”, añade el arquitecto.
Sabe que la competencia es dura, porque muchos de sus trabajadores, con el paso de los años, fueron independizándose, pero cree que el mejor marketing son sus clientes satisfechos.
A diferencia del centro de la ciudad, la planicie de El Alto se ve adornada con las obras de Freddy. Si bien, existen algunas que no son de su autoría en la tradicional calle Uyustus de La Paz, Freddy asegura que su propósito ahora es embellecer a la ciudad que lo cobijó cuando llegó del campo.
De niño veía que la ciudad era color tierra, ocre, las edificaciones de adobe; para Freddy era muy triste. Después cambió a la época del ladrillo y “ahora El Alto se está pintando”.
Esta tendencia es “como mi guagua”, dice Freddy, que se empeña en que el estilo no se conosca como cholets.
“Quisiera que vean el trabajo que se realiza aquí, distinto a lo que estamos acostumbrados a hacer. Que afuera se hable de la arquitectura andina de Bolivia, bajo ese término”.
Los estudiosos aseguran que cholets hay para rato, que mientras exista el deseo de los clientes de superar al vecino en la belleza de su casa, Freddy seguirá teniendo trabajo
viernes, 15 de mayo de 2015
jueves, 14 de mayo de 2015
Venden fotos de 'cholets' alteños por salida al mar
El portal elaltoprint ofrece fotografías de 'Cholets', conocidos como la nueva arquitectura andina, realizadas por el fotógrafo Nick Ballón en la ciudad de El Alto, e imágenes de estos edificios en miniatura obtenidas en la feria de las Alasitas que fueron capturadas por Jonathan Minster.
“El proyecto denominado ‘El Alto’ es una combinación de fotografías arquitectónicas de una Bolivia emergente realizadas por el fotógrafo Nick Ballón, así como imágenes fijas de las versiones en miniatura del fotógrafo Jonathan Minster”, se lee en la página web.
Están a la venta tres dípticos, especifica la nota, y todas las ganancias se destinarán al nuevo libro de fotografías de Ballón llamado 'El Mar Amargo'.
Este nuevo proyecto será una exploración fotográfica sobre el "doloroso anhelo" que tienen los bolivianos por recuperar un acceso soberano al océano pacífico. Mira las grandiosas imágenes y anímate a aportar.
“El proyecto denominado ‘El Alto’ es una combinación de fotografías arquitectónicas de una Bolivia emergente realizadas por el fotógrafo Nick Ballón, así como imágenes fijas de las versiones en miniatura del fotógrafo Jonathan Minster”, se lee en la página web.
Están a la venta tres dípticos, especifica la nota, y todas las ganancias se destinarán al nuevo libro de fotografías de Ballón llamado 'El Mar Amargo'.
Este nuevo proyecto será una exploración fotográfica sobre el "doloroso anhelo" que tienen los bolivianos por recuperar un acceso soberano al océano pacífico. Mira las grandiosas imágenes y anímate a aportar.
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