martes, 3 de julio de 2012

LA RESIDENCIA.IV


Una cualquiera de estas comparaciones, ¿no pondrá de relieve la afirmación de Viollet- le-Duc de que la casa —en su orden y en su distribución— no se modifica más que a lo largo de mucho tiempo?

Creo  que  sobre  estos  y  otros  puntos  se  pueden  llevar  adelante  los  problemas  de  la residencia;  tratar  ulteriormente  de  estos  problemas  de  modo  específico  nos  alejaría demasiado del objeto de este libro. Naturalmente, es útil recordar que en los problemas tipológicos de la casa están presentes muchos elementos que no hacen referencia sólo a los aspectos espaciales del problema; por ahora no me interesa, sea de ello lo que fuere, discutir qué bases haya para explicar las correspondencias que existen en el problemani creo que sea mi tarea hacerlo, pero creo necesario saber que existe. De hecho, hasta cierto punto, integrando el discurso efectuado hasta aquí con lo apuntado por algunas posiciones  sociológicas  y  más  propiamente  políticas  sobre  el  valor  del  problema residencial  como  momento  de  la  vida  de  una  ciudad  y  del  mismo  problema  social, podremos obtener datos muy interesantes.

Por  ejemplo,  sería  posible  recabar  datos  muy  útiles  del  estudio  de  los  problemas arquitectónicos;  ver  así  la  relación  que  ha  existido  y  existe  entre  ciertos  datos  en  las soluciones de los arquitectos.

Intentaré en las páginas sucesivas seguir algunos aspectos del problema de la residencia y los arquitectos aplicado al problema de la ciudad de Berlin, sobre la que existe vasta documentación  no  sólo  sobre  el  problema  residencial,  lo  que  sucede  también  para muchas otras ciudades, sino sobre barrios modernos  en  particular.  Siendo,  además,  el problema de la residencia una de las cuestiones relevantes, a nivel teórico y práctico, de la temática de la arquitectura moderna en Alemania, será útil ver qué relaciones hay en concreto entre las formulaciones teóricas y las realizaciones.

Acerca   de   este   problema,   Alemania,   entre   las   dos   guerras,   dio   excepcionales contribuciones como las de Hegemann, Gropius, Klein, Van de Velde y otros.

lunes, 2 de julio de 2012

LA RESIDENCIA.III


Es lógico suponer que el éxito de los complejos residenciales esté relacionado con la existencia de servicios públicos y de equipamientos colectivos y se pone de relieve la importancia de este hecho. Este es también causa de la posibilidad de dispersión de las partes residenciales; evidentemente, la concentración residencial de la ciudad antigua de  la  Roma  imperial  es  explicable  plausiblemente  por  la  carencia  casi  absoluta  de transportes   públicos   y   la   excepcionalidad   de   los   transportes   privados.   Pero   esta explicación  no  es  suficiente;  piénsese,  por  contraste,  en  la  Grecia  antigua  o  en  la morfología de algunas ciudades nórdicas.

Es  difícil  sostener  que  este  aspecto  sea  caracterizante.  En  otros  términos,  se  puede afirmar que, dado un sistema de transportes blicos, la forma de la ciudad no está aún determinada  o  que  aquel  sistema  pueda  establecerse  en  todo  caso  para  obtener  cierta forma  de  la  ciudad  o  para  seguirla.  No  creo  que  el  metropolitano  de  cualquier  gran ciudad pueda ser objeto de disputas fuera de su eficiencia técnica, mientras que no se puede   decir   lo   mism de   los   establecimientos   residenciales,   que   son   objeto   de numerosas  disputas  en  el  sentido  de  que  su  constitución,  en  cuanto  hechos  urbanos, puede ser controvertida.

Existe, pues, un hecho especifico en el problema de la residencia que es íntimamente vinculado al problema de la ciudad, a su modo de vivir, a su forma física e imagen; es

decir,  a  su  estructura.  Este  elemento  especifico  no  tiene  que  ver  con  ningún  tipo  de equipamiento técnico, el cual no constituye un hecho urbano.

De ello resulta, pues, que el estudio de la residencia puede ser un buen método para el estudio de la ciudad, y viceversa. Quizá nada ilumina tanto las diferencias estructurales entre  una  ciudad  mediterránea  como  Tarento  o  una  nórdica  como  Zurich,  como  los aspectos  diversos  del  problema  residencial;  me  refiero  propiamente  a  los  aspectos morfológicos  y  estructurales.  Consideraciones  de  este  tipo  pueden  hacerse  también  a propósito  de  las  aldeas  alpinas  y  de  todos  aquellos  agregados  en  los  que  el  hecho residencial es de por sí preponderante si no único.

domingo, 1 de julio de 2012

LA RESIDENCIA.II


El programa del Municipio de Viena se preocupaba sobretodo de la realización de los complejos típicos cuya forma estuviese estrechamente vinculada a la de la ciudad. En este sentido, ¡Behrens escribía: « [...] Criticar su construcción sobre la base principios de  gabinete  significa,  en  general,  meterse  en  un  camino  equivocado  porque  nada aparece como tan variable y heteroneo como las necesidades, las costumbres y todas las múltiples situaciones de una población residente en determinada región».

La relación entre la residencia y la localización se convierte, pues, en preeminente.

Los   ejemplos   de   la   enorm superficie   de   las   ciudades   norteamericanas   no   son explicables sin la tendencia hacia un tipo residencia esparcida, de cacter unifamiliar.
El estudio de Gastman sobre la megalópoli es, en este sentido, muy preciso.

La  localización  de  las  residencias  depende,  por  consiguiente,  de  muchos  factores geográficos, morfológicos, históricos, económicos.

Antes aun que los factores geográficos, parecen ser determinantes los ecomicos.

La alternancia de las zonas residenciales, su constitución de modo especializado desdel punto de vista tipológico parece influida ampliamente por motivos económicos; esta alternancia está movida por el mecanismo de la especulación del que me ocuparé más adelante. Esto es válido también en los ejemplos más recientes. La ciudad socialista, por ahora, no parece ofrecer alternativas de fondo en el proces9 de crecimiento urbano; por otra parte, sus dificultades objetivas no son fácilmente individualizables.

Evidentemente,  aun  donde  no  existe  el  mecanismo  de  la  especulación  habrá  siempre cuestiones preferenciales, en la elección de las localizaciones, difícilmente resolubles. Estos  problemas  han  de  ser  puestos  en  relación  con  el  cuadro  más  general  de  las elecciones de la dinámica urbana.

El maravilloso Taj Mahal

Durante mi reciente viaje a la India, junto a mi esposo, visitamos Agra, uno de los estados más poblados del país y lugar donde se encuentra el imponente Taj Majal. Llegamos por la tarde al hotel donde fuimos recibidos por elegantes hombres vestidos con impecables turbantes, túnicas ceñidas a la cintura por coloridos cinturones y pantalones abombados que se unían perfectamente a zapatos de terminación en punta. El aire tenía un tenue aroma a incienso y a jazmín que, en combinación con las flores que flotaban sobre las numerosas fuentes de agua, lograban trasladarlo a uno a otro tiempo y a otro espacio.

En la noche, luego de haber disfrutado de unos típicos masajes indios, nos dirigimos a un restaurante muy recomendado para probar la comida local. La inmensa variedad de curris, los platos de lentejas preparados por más de 24 horas, los pollos y corderos al tandoori que es un horno al carbón y la gran variedad de postres indios, entre los que se encuentran helados de rosas, dulces de pepinos y una especie de buñuelos hechos de queso fresco bañados en miel, entre muchos otros, fueron una parte importante del viaje y nos permitieron apreciar aún más la rica cultura india. Uno puede pensar que este tipo de experiencias no guarda ninguna relación con la verdadera India, donde un importante porcentaje de la población vive sumido en la pobreza y donde las tasas de analfabetismo y mortalidad infantil son altas.

Sin embargo, la sofisticación que se puede experimentar en este país es legado de sus cortes Mughal y de las épocas de los Maharajas, y como tal es un importante componente de su cultura y su historia. Como decía una revista de turismo, uno no conoce el verdadero placer y el nivel en el que los sentidos pueden ser exaltados hasta que visita Asia.

Al día siguiente nos despertamos a las cuatro de la mañana para visitar el Taj Majal, queríamos llegar antes del amanecer puesto que nos habían dicho que ésa era la mejor hora para verlo con menos gente y con la luminosidad que sólo el sol saliente puede dar. Un bus nos llevó hasta unos 200 metros antes de la puerta principal desde donde seguimos a pie.

Cruzar el tramo entre el punto de llegada y la puerta de entrada se tornó en una tarea más difícil de lo que esperábamos. Uno debía ir totalmente concentrado para evitar ser atropellado por las numerosas motos y bicicletas, por los carros tirados por caballos y camellos, para no chocarse con las vacas y también tenía que prestar especial atención para no pisar a los monos. Una vez que llegamos a la puerta de entrada, tuvimos que sumarnos a una ya existente cola de más de 100 personas y durante los 20 minutos que faltaban para las seis de la mañana, hora en la que abrían las puertas, fuimos devorados por cientos de mosquitos.

Cuando finalmente se abrieron las puertas y pudimos entrar, pasando por un estricto punto de seguridad, todos los inconvenientes quedaron olvidados en cuanto vislumbramos la silueta del Taj Majal. Construido a partir de 1631 durante 17 años por más de 20.000 trabajadores que cumplían turnos de día y noche, esta magnífica construcción de mármol refleja la pasión e infinito amor que la inspiraron. El quinto emperador Mughal Shah Jahan ordenó su construcción en memoria de su segunda esposa Mumtaz Mahal, quien según la historia fue una de las más destacadas damas de la era Mughal y cuyo amor con el emperador no tuvo paralelo.

Después de sacar fotos del Taj Majal desde todos los ángulos, seguimos nuestro itinerario del día rumbo al Fuerte de Agra. Confiados en que después de lo que acabábamos de ver ya nada nos podría impresionar, nos relajamos y preparamos para pasar una tarde de paseo sin mayores expectativas. Fue entonces cuando la increíble India nos sorprendió una vez más. Llegamos a un fuerte de color rojo dado por la piedra de Rajastán con la que fue construido, de proporciones inmensas y de gran belleza en su arquitectura.

Si bien el fuerte era una importante estructura militar, en su interior se encontraba el palacio del emperador Mughal y su correspondiente harem. Dentro del fuerte, cada espacio está embellecido por maravillosos tallados en piedra, por mármoles incrustados con piedras preciosas y todo esto resaltado por la vista del río Yamuna y del Taj Majal. Uno podía cerrar los ojos e imaginar cómo eran esos espacios cuando estaban rodeados por jardines y fuentes perfumadas, adornados con maravillosas alfombras y cortinas de seda, cuando por el harem paseaban las más hermosas y cultivadas mujeres, y por los pasillos del palacio se desplazaban los más eximios cortesanos, cada uno experto en algún arte o ciencia, llevados a la corte para deleite y beneficio del monarca.

Es como si estas maravillosas construcciones fueran portales interdimensionales que nos permiten viajar en el tiempo y experimentar, aunque sea por unos escasos momentos, civilizaciones pasadas que sentaron los cimientos de nuestra actual realidad.